EL DESEMPLEO EN LOS JÓVENES – RUPTURA Y CRISIS

 Para entender lo que vivencian los jóvenes hoy en día, ante la condición del desempleo, es importante mencionar su relación con el mundo del trabajo. Para ello, se propone abordar en este texto: 1. El desconocimiento, o falta de comprensión, de esta población de las nuevas realidades del trabajo de acuerdo al mundo económico y productivo actual (el capitalismo hegemónico); 2. La inadecuada valoración de la educación ante la inserción productiva; 3. Las consecuencias psicosociales del desempleo; 4. La visión globalizada del desempleo juvenil, y finalmente; 5. La conclusión dicotómica del empleo y el desempleo.

En primer lugar, las nuevas realidades del trabajo hacen referencia a los cambios rápidos que se vienen dando desde la época de la industrialización. Esto conllevó, a pasar de una concepción de individuo dependiente de un empleo fijo (organizador de la vida económica y social), a la de individuo autónomo y empleable, en conformidad a las nuevas formas de económicas y productivas, junto con sus exigencias de competitividad individual y movilidad. De acuerdo a Malvezzi, (1999, citado por Rentería y Enríquez, 2006) debe labrar su propio desarrollo, administrando (de manera reflexiva) su inserción y trayectoria en el mundo del trabajo.

En segundo lugar, la necesidad de los jóvenes por generar sus propias dinámicas productivas (ya sea por iniciativa propia o por las condiciones de vida), ha implicado una inadecuada prioridad al ante poner el trabajo por encima de la educación. Por tal razón, el pertenecer a una empresa o institución del gobierno, es la mejor y única forma de adquirir lo necesario para una vida estable y con bienestar, pero no reconocen el asumirlo desde una perspectiva de responsabilidad individual, sumado a una exigencia de autoformación con base a la reflexibilidad y el aprendizaje continuo para ser competente o empleable (como lo está exigiendo la sociedad del conocimiento, la tecnología y la velocidad). Muchos jóvenes no responden (porque no las entienden y nadie se las explica de manera clara) a estas nuevas exigencias, a pesar de la ampliación en la cobertura en educación, asumiendo la realidad de forma imprevista y sin preparación (sin orientación).

En el tercer orden de ideas, entre las consecuencias psicosociales del desempleo en relación a los jóvenes, se puede encontrar problemas con: el carácter económico, la incidencia en la identidad personal, en la salud mental, entre otros. De acuerdo a Garrido (1995) y Bridges (1995), las atribuciones sobre el estar desempleado y su afectación en el bienestar psicológico de la persona, se ve reflejado, especialmente por el cambio en: la estructuración del tiempo, los espacios, las relaciones y demás pautas de cotidianidad. Álvaro (1999), subraya que el apoyo social tiene gran influencia debido a que interviene en el impacto psicológico del desempleo, por ejemplo, aquellos jóvenes que cuentan con sus necesidades básicas cubiertas muestran mejor bienestar psicológico, mientras que los que deben asumir el control de su vida, deben ingresar a trabajos precarios o enlistarse entre los desempleados y desocupados, trayendo consigo un evidente deterioro psicológico.

El efecto del desempleo en la vida social y psicológica es reconocido en la literatura para comprender sus dimensiones, como es el caso del estudio realizado en España por Espluga, et al. (2004a), que resaltan la relación entre salud y desempleo en jóvenes. En una comparación transversal entre parados y ocupados, encontraron una mejor calidad de vida en los segundos. En cuanto a la clase social, las familias de menos ingresos y clases bajas presentan peores niveles de salud. También destacan que los jóvenes desempleados mostraron peores niveles de salud mental, sin discriminar clase social; igualmente, observaron que los jóvenes que cuentan con apoyo familiar económico y emocional presentaron mejores índices de calidad de vida y bienestar psicológico. Por consiguiente los autores presumen que el factor económico incide en el bienestar y tranquilidad de los jóvenes para organizar sus vidas. El anterior y otros estudios también han mostrado, cómo el nivel de depresión sufrido por determinados grupos de desempleados puede estar relacionado con la limitación en desarrollo personal y social de los jóvenes, dada la importancia y el valor que dan al trabajo como punto de partida para organizar la vida y la inserción social. Se debe aclarar que en el mismo estudio aparecen también jóvenes ocupados con niveles altos de depresión.

Como cuarta idea, se acentúa en el contexto actual de la globalización, la disminución constante de cupos de empleo para los jóvenes. La exclusión de personas del mercado laboral formal es un problema a nivel mundial, pues muchos de los que salen no reingresan, bien sea por edad, falencia en perfiles exigidos, expectativas laborales, alta o baja calificación, entre otras razones. En esta condición se alteran los ejes referenciales del trabajo, ocasionando cambios en los modelos de comportamiento, en su identificación y relaciones con los demás. Desde una mirada social, el trabajo es un elemento de autovaloración que altera la visualización de la persona sobre sí misma, esto se evidencia en los resultados de un estudio realizado en Brasil por Pinheiro y Meira (2002) citado por De Jesús y Ordaz (2006), con jóvenes inscritos en un programa de formación profesional. En los resultados encontraron cambios en la identidad, en cuanto a los sentidos del trabajo y de la vida, las relaciones sociales también mostraron diferencias, antes y después de la inserción laboral de los participantes. El autor plantea que para los jóvenes, el trabajo está articulado a vivencias con emociones positivas que correlacionadas con la satisfacción de necesidades de valoración y reconocimiento, proporcionó independencia material y psicológica (bienestar psicológico).

En conclusión, el trabajo tiene implicaciones psicosociales positivas como: 34) Mientras que el desempleo representa las rupturas del individuo con su entorno social y crisis en su construcción de identidad; es decir, casi todo lo opuesto a los beneficios del trabajo.

Referencias:
Álvaro, J. (1999). Entrevista. Revista Estudios de Psicología, 4(1), pp. 161- 172

Bridges, W. (1995). O impacto psicológico do desaparecimento dos empregos. En: um mundo sem empregos (pp. 131 – 154). Makron Books. São Paulo – Brasil.

De Jesús, M. y Ordaz, M. (2006). El significado del Trabajo. Estudio Comparativo entre Jóvenes Empleados y Desempleados. Escuela de Psicología. Universidad Central de Venezuela. Revista Segunda Época, 25 (2), pp. 64-77.

Espluga, J., Baltiérrez, J., y Lemkov, L. (2004a). Desempleo juvenil, exclusión social y salud. Investigaciones, experiencias y acciones institucionales en España. Icaria. Barcelona – España.

Garrido, A. (1995). Psicología Social del Desempleo. En Álvaro, J.; Garrido, A. y Torregrosa, J.R. Psicología Social Aplicada (pp. 121-147). Mc. Graw Hill. Barcelona. Madrid

Luque, P Gomez, T. & Cruces, S. (2000). El Trabajo: Fenómeno Psicosocial. En C. Guillen (Org.). Psicología del Trabajo para Relaciones Laborales, pp. 147-163. Mc Graw Hill, Madrid.

Rentería, E. y Enríquez, A. (2006). Estrategias de aprendizaje para la empleabilidad y posicionamiento éxitos en el mundo del trabajo de profesionales recién graduados. Grupo de Investigación en Psicología Organizacional y del Trabajo. Universidad del Valle – Cali.

Escritor: Jakgler Silva Garzón

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