El legado de las estructuras temporales y urbanas fordistas. – 1 parte –

En primer lugar, explicaremos la influencia que el modelo de producción fordista tiene todavía hoy en día sobre las estructuras, la división de funciones y las separaciones espaciales de la ciudad (aunque ya se han superado muchas de las bases económicas y socioculturales). La separación funcional entre los barrios residenciales y las zonas de actividad económica comportó cambios en las relaciones que establecen entre los sexos y entre las generaciones.

Además, creó la necesidad de contar con infraestructuras públicas de cuidado de los niños y de movilidad. También generó patrones estructurados de movilidad y de actividad diaria típicos de cada sexo (y sus correspondientes patrones temporales). De este modo, la separación funcional de zonas residenciales y zonas de actividad económica afectó a todos los componentes del modelo de integración familiar.

Actualmente, es necesario que haya una coincidencia entre estas estructuras o patrones temporales de la ciudad y una transformación social que parece exigir cambios urgentes. Cuando utilizamos en este texto el término fordista, nos referimos a grandes rasgos a las estructuras urbanas y temporales que se consolidaron durante el período industrial-entre mediados del siglo XIX y  mediados del siglo XX y que sustituir la era agraria-que había durado hasta bien entrado el siglo XIX.

En esta época, las estructuras urbanas se separaron de las estructuras rurales, crecieron y se convirtieron en el centro de gravedad de la creación de valor. Max Weber ofreció una concepción histórica de ciudad cuando l asimilar a un mercado. Louis Wirth va a afirmar que «el urbanismo es un estilo de vida» y hablaba de características fenomenológicas: «La naturaleza urbana depende de las dimensiones, la densidad, la heterogeneidad y la permanencia del asentamiento ».

Al contrario, Friedrichs (1995), siguiendo Durkheim, al hablar del hecho urbano, en destacaba la división del trabajo y la diferenciación. La producción moderna implica dos elementos: por un lado, la cooperación y la coordinación del proceso productivo, y por otra, la comercialización de los productos los mercados. Ambos elementos se concentran en las ciudades.

Sobre la base de los «ventajas de la aglomeración». Que ofrecen las ciudades se diferencian los oficios, las instalaciones públicas y privadas, los bienes y servicios demandados, los estilos de vida y los usos. Esta diferenciación crea una nueva necesidad: la planificación urbanística.

Hay dos características que estructuran el desarrollo fordista de la ciudad que hoy en día todavía tienen consecuencias importantes sobre los modelos de vida y sobre los patrones generacionales y sexuales de las familias. La primera es la separación de usos que tiene lugar dentro de las ciudades.

La industria (que genera peligros, ruidos y contaminación) se distancia de los barrios residenciales y de las zonas de actividad económica. A menudo se produce una sorprendente división este-oeste, que tiende a añadir a la separación funcional una segregación social de la población. La separación sistemática entre barrios residenciales y zonas de actividad económica tiene consecuencias significativas sobre la vida cotidiana.

En primer lugar, se genera lo que actualmente se denomina «movilidad sistémica», unas necesidades de transporte con acumulación de viajeros y horas punta que no dependen de las decisiones individuales de las personas, sino del ritmo de turnos y de horarios laborales (tráfico a primera ya última hora, personas que se desplazan cada día o cada semana). En segundo lugar, con la separación entre barrios residenciales y zonas de actividad económica se asocian determinadas características de las relaciones entre sexos y entre generaciones.

Estas características influyen en las estructuras temporales cotidianas, lo que actualmente es un tema candente de debate. La rutina diaria masculina se concibe y se conforma principalmente desde el punto de vista de la actividad profesional, la femenina, desde una perspectiva familiar y reproductiva. La actividad profesional femenina no se excluye, pero sí se mantiene al margen y / o lleva a la multiplicación de las cargas de la mujer y / o es fuente de marginación económica y social (especialmente de las madres).

Esta situación hace que la paternidad, el cuidado de los niños y la educación se lleven a cabo fuera del hogar cada vez con más frecuencia. Desde todos estos puntos de vista (y debido a muchas otras influencias y necesidades) el estado adquiere misiones nuevas en entornos municipales. Por ejemplo, el estado debe canalizar el tráfico público de las personas, crear infraestructuras para el cuidado de los niños, ocuparse de la educación, la higiene, la nutrición y la sanidad, el ocio, los deportes y la cultura, además de mantener la seguridad pública.

Los principales beneficiarios de estas ofertas pueden ser los hogares privados o los actores públicos o los actores de la economía privada, de manera que estos últimos se diferencian todavía más. Con todo, las ofertas comerciales se limitan generalmente los servicios que resultan rentables.

La segunda característica es que se genera una jerarquía funcional en la geografía de los espacios. La importancia creciente de los servicios públicos y la aglomeración (arrastrada por el mercado) de la generación privada de bienes y servicios crean diferencias de abastecimiento (acceso y niveles) entre los diferentes puntos geográficos. No sólo hablamos de la diferencia campo-ciudad, sino también de la diferencia que surge entre las ciudades y los municipios que debido al tamaño que tienen, los equipamientos y de las funciones, se definen como «centros» de niveles diferentes (superiores, medios, inferiores).

El sistema de puntos centrales, concebido desde la perspectiva de los recursos y de las condiciones de generación de determinados servicios (no en función de la accesibilidad), sitúa la disponibilidad del acceso a estos servicios en una relación jerárquica. La influencia que tiene sobre las estructuras temporales del día a día aún no está suficientemente reconocida.

Por un lado, esta jerarquía tiene efectos directos y evidentes sobre el acceso a la educación, a la sanidad, a la cultura, a la seguridad, etc. pero por otro son igual de importantes los efectos indirectos menos evidentes que producen, por ejemplo cuando la distribución específica de otros bienes puede obstaculizar el acceso a servicios a los que es difícil acceder por razones de tiempo, por ejemplo, el reparto y la utilización del vehículo en función del sexo puede acentuar aún más las diferencias por sexo en el acceso a los servicios urbanos (educación, sanidad, cultura), además, la baja densidad y la accesibilidad de determinados servicios perjudican especialmente las personas con pocos recursos para sustituir estos servicios, de manera que las consecuencias son más negativas en determinados colectivos (como los niños).

Autor: Diana Perilla

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