El modernismo catalán,

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El modernismo es un movimiento artístico que se extiende por todo occidente desde finales del siglo XIX a principios del XX, pero al contrario que estilos anteriores, como el Barroco o el Realismo, se desarrolla bajo diferentes nombres: Art Nouveau, Modern Style, Jugendstil, Stile Liberty, Sezessionstil, Style 1900, Style Nouille, Glasgow Style, Tiffany style, Nieuwe Kunst, etc.

El término modernidad ya es habitual en torno a 1850, siendo muy usado por autores como Charles Baudelaire para referirse a una nueva sociedad industrial que se opone tanto a lo clásico como a lo rural. A finales del siglo XIX, empieza a utilizarse Modernismo para identificar todas las tendencias relacionadas con el Art Nouveau, y se aplica además a ciertas tendencias literarias y musicales, no solo relacionadas con las artes visuales. En Cataluña, este arte nuevo se conoce como Modernisme, y aunque forma parte de una corriente general que se extiende por el resto de Europa, e incluso América, es innegable que existen unos rasgos definitorios que lo diferencian de otras corrientes coetáneas.

Aunque se trata de un estilo influenciado por la pintura y la escultura, sus principales manifestaciones se dan en la arquitectura y en las artes decorativas y gráficas. La razón de este giro contrapuesto a estilos anteriores, casi siempre centrados en la pintura, es que una de las bases conceptuales del Modernismo es incorporar el arte a lo cotidiano, tanto a la arquitectura y al diseño de interiores como a los objetos de uso diario. El hecho de que en Cataluña se manifieste principalmente en la esfera arquitectónica no es un rasgo local, sino una característica procedente de las propias bases del movimiento, íntimamente relacionado con las artes aplicadas.

El Modernismo tiene conexiones con el Romanticismo, el Simbolismo, e incluso el Surrealismo, en el sentido de que se opone tanto a las corrientes anteriores como a la racionalidad y al realismo. Aunque pretende introducir el arte en el espacio cotidiano, poco tiene que ver con corrientes como el arte público actual, ya que es un movimiento recargado que continúa con el interés por el exotismo y la fantasía presente en otras corrientes del siglo XIX.

Es un estilo asimétrico y simbólico en el que es habitual encontrar motivos orgánicos y líneas curvas, muchas veces relacionadas con elementos naturales, aunque también es frecuente encontrar formas humanas, especialmente femeninas. La mayoría de las obras son muy estilizadas y recargadas, por lo que también se vincula a los excesos visuales del Barroco.

El Modernismo es un movimiento ambiguo, por un lado pretende introducir el arte en la esfera cotidiana, pero al mismo tiempo que reivindica una integración con la vida diaria y el trabajo artesanal, se trata de un movimiento decorativo que genera un arte burgués y caro. Estas contraposiciones surgen incluso en términos formales, ya que mientras en Cataluña destacan las arquitecturas profundamente intrincadas de Gaudí, en Gran Bretaña encontramos a arquitectos como Charles Rennie Mackintosh, con un estilo mucho más geométrico que tiene más que ver con la modernidad tal y como la entendemos actualmente. Así que aunque es un movimiento casi universal, sus características difieren de un país a otro.

La fecha oficial de inicio del Modernismo catalán se suele considerar 1888, por ser el año en el que se celebra la primera Exposición Universal en Barcelona, pero esta tendencia no surge de la nada, existen antecedentes en la obra de arquitectos anteriores, en algunos casos relacionados con un intento de recuperación del pasado arquitectónico medieval —algo vinculado a su vez con el neomedievalismo reinante en la época.

A nivel ideológico, encontramos una primera base conceptual en un artículo de Domènech i Montaner publicado en 1878 en la revista La Renaixença: La palabra final de toda conversación sobre arquitectura, la cuestión capital de toda crítica, viene a girar, sin querer, alrededor de una idea, la de una arquitectura moderna nacional. Domènech i Montaner, 2002).

Este artículo recibe una respuesta inmediata por parte de otros arquitectos catalanes, como Gaudí, Fontserè, Domènech i Estapà, Vilaseca, Martorell y Puig i Cadafalch. En esa época, Barcelona tiene una gran importancia tanto a nivel demográfico como económico y cultural, sobre todo en el sur de Europa, y estos arquitectos buscan unas señas de identidad que los acerquen a la modernidad europea en contraposición al resto de España.

Aunque en general el modernismo es un movimiento estético, algunos de los arquitectos mencionados, como Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch, están muy vinculados a la vida política —Puig i Cadafalch incluso llega a ser diputado en Madrid. En estos artistas encontramos una tendencia catalanista que podemos relacionar con el sentimiento nacionalista surgido años antes entre los artistas románticos.

son la escultura, la pintura y la literatura, donde encontramos nombres tan conocidos como los pintores Santiago Rusiñol y Ramon Casas o el poeta Jacint Verdaguer. En la esfera arquitectónica sería de destacar toda la obra de Gaudí, pero no podemos obviar a otros muchos arquitectos que nos han dejado edificios igualmente reconocibles, desde el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Domènech i Montaner a la Casa Amatller de Puig i Cadafalch.

Bibliografía
COLL I ALENTORN, M. (1992). Textos i estudis de cultura catalana: Història/1. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat.
DOMÈNECH I MONTANER, L. (2002). En busca de una arquitectura nacional. DC. Revista de crítica arquitectònica, núm. 7.
GIEDION, S. (2009). Espacio, tiempo y arquitectura: Origen y desarrollo de una nueva tradición. Barcelona: Editorial Reverté.
TOLLINCHI, E. (2004). Los trabajos de la belleza modernista 1848-1945. Editorial de la San Juan: Universidad de Puerto Rico.
VALLEJO, M. (2007). La Barcelona del viento: Un viaje por los lugares de la Barcelona secreta inspirados en La sombra del viento. Teià: Edic

Escritor: Blanca Rego

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