Los sistemas de vigilancia en 1984

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George Orwell es considerado uno de los escritores británicos más influyentes del siglo XX. Es su novela distópica de ciencia ficción, 1984, publicada en el año 1949, un relato ciertamente político, ya que expone algunas temáticas esenciales de los regímenes totalitarios: el orden y la disciplina a que están expuestos los personajes, la sociedad de control y el lavado de cerebro de los sujetos, la manipulación de la verdad y el rol que juegan los medios de comunicación de masas.

En el año 1956 surgió la primera adaptación fílmica de la obra, cinta que conservó el nombre de la novela original y que estuvo bajo la coordinación del director británico Michael Anderson. Veintiocho años más tarde apareció una nueva versión cinematográfica de la historia, basada nuevamente en la novela homónima y dirigida por Michael Radford.

La profunda contradicción que existe entre la idea de libertad del ser humano que la Modernidad crea y el control que ejerce la sociedad frente a esta misma forma de autonomía se plantea como una premisa inicial en la obra. Los mecanismos de coerción y las técnicas de vigilancia han estado presentes en la humanidad desde tiempos distantes con la intención de controlar y supervisar a los individuos en cada ámbito de sus vidas. Ciertamente, las libertades que se pregonan hoy en día tienen una sólida base fundada en la sociedad de la disciplina que se ha convertido en la forma más divulgada de dominación en la Modernidad.

En esta investigación se abordará la forma en que la disciplina, entendida como un ejercicio de adiestramiento y de orden impuesto, interviene con el fin de obtener cuerpos amaestrados y sometidos, en plena concordancia con un modelo lineal rígido. Los postulados de Michel Foucault en Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión (1975), facilitarán los fundamentos para ahondar en la problemática del individuo y en el poder que posee la disciplina en las actividades controladas. Para concluir se planteará la forma en que los medios de comunicación de masas ejercen el dominio sobre la comunidad orwelliana descrita en la novela y, de igual forma, en la sociedad actual.

I. La sociedad del dominio Controlar el cuerpo humano, vigilarlo íntegramente hasta en sus movimientos más imperceptibles, corresponde a una de las tantas formas de dominación que ejerce la sociedad disciplinaria. El ideal de hombre libre que la Modernidad crea se encuentra en una interminable discordia con respecto a la inspección y a la dirección que evidentemente otorgan la sociedad misma y el Estado. Son diversas materias con las que se trabaja en este modo de dominación: control mental, manipulación a través de los medios de masas, manejo de la verdad y otras formas de encauzar los comportamientos hacia la uniformidad.

Foucault (1975) se interna en la problemática anterior y esboza el concepto de docilidad: “es dócil un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser transformado y perfeccionado” (Foucault, 1975:159). Esta afirmación posee notable concordancia con lo que presenta la novela 1984 a través de sus personajes: Winston, el protagonista del relato, es un individuo que al comienzo de la obra muestra una marcada reflexión social al cuestionarse frenéticamente los lineamientos que gobiernan su conducta. El lector podría llegar a imaginar que Winston Smith lograría una modificación sustancial en su comportamiento, al presentarse tan contrario con respecto a las creencias que promovía el Socialismo Inglés.

Sin embargo, se observa que al finalizar la historia, el personaje fue sometido y obligado a cumplir los mandatos que el Estado le deparó. Su cuerpo fue subordinado a las docilidades, a las sumisiones y moldeado de acuerdo con lo que el poder pretendía. Foucault señala: “en toda sociedad, el cuerpo queda atrapado en el interior de poderes muy ceñidos que le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones” (Foucault, 1975:159). Existen dos elementos importantes si se quiere examinar la dinámica disciplinar de las colectividades, en primer lugar, como indica Foucault, “la escala de control”: (…) no estamos en el caso de tratar el cuerpo, en masa, en líneas generales, como si fuera una unidad indisociable, sino de trabajarlo en sus partes, de ejercer sobre él una coerción débil, de asegurar presas en nivel mismo de la mecánica: movimientos, gestos, actitudes, rapidez; poder infinitesimal sobre el cuerpo activo. (Foucault, 1975:159).

En la novela abundan pequeñas formas de control del organismo, donde una expresión, un semblante que evidencie diferencias y que revele caracteres ocultos que no están permitidos, inmediatamente es inspeccionado. La Policía del Pensamiento y la Telepantalla son ejemplos claros: El Gran Hermano es el sistema de vigilancia máximo, de él no escapa ningún gesto ni movimiento, por lo que existe un control excesivo hacia la intimidad y hacia la libre asociación de las personas. En segundo lugar, Foucault estudia “el objeto de control”: (…) no los elementos, o ya no los elementos significantes de la conducta o el lenguaje del cuerpo, sino la economía, la eficacia de los movimientos, su organización interna; la coacción sobre las fuerzas más que sobre los signos; la única ceremonia que importa realmente es la del ejercicio (Foucault, 1975:159).

La política de las coerciones constituye un trabajo sobre el cuerpo, una manipulación calculada de sus elementos, de sus gestos, de sus comportamientos. Las consignas que impone el Partido son una buena forma de encauzar el comportamiento. A través de la repetición constante de sus lemas, el cuerpo de los personajes es instruido y educado para un fin específico: el odio hacia Goldstein, el enemigo del pueblo. En este punto radica un desacuerdo enorme: ¿podemos odiar algo que nunca hemos visto o que no tenemos la certeza de que realmente exista? Todo el trabajo lo ejerce el gobierno, quien es el encargado de crear patrones negativos de la figura del “presunto” enemigo en las mentes de los involucrados y conseguir una desaprobación rotunda. La falacia argumentativa consiste en hacer creer al pueblo que más certera será una afirmación mientras más veces sea repetida la idea en sus mentes.

Escritor: Leticia Villalobos Rifo

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