EL NIÑO COMO LABORATORIO PARA LA DEMOCRACIA

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Comienzo afirmando que en estos momentos sociales educar personas es hacerlas ciudadanas. Es incuestionable que quien aprende a cumplir sus deberes y reclama sus derechos constitucionales pueden ser más democrático que aquel “insigne” político que nos dirige solo para enriquecerse, sin pensar en el dolor y la miseria del pueblo que le ha ofrecido su voto porque no tiene la educación para aspirar a mejores opciones. Educar es hacer ciudadanos libres, conscientes y responsables. Que piensan y analizan, que saben decidir y elegir. Personas que luchan por el desarrollo humano y por el medio social al que pertenecen. Para el futuro un ciudadano será aquel que se educa siempre, que sabe cuál es el Plan del Gobierno actual, las propuestas políticas que dirigen su ciudad, y no sacrificará por la codicia de unos pocos sus privilegios participativos.

Hoy sólo somos habitantes de una ciudad necesitamos que mañana seamos ciudadanos activos, que no les de miedo ser dueños del país. Un niño no aprende con teorías, necesita ver el ejemplo: ¡Al adulto en pleno ejercicio de lo cívico! ¿Cómo hacer entonces, para que este adulto esté dispuesto a un aprendizaje permanente, sin importar su edad? Tal vez haciendo que lea, por eso, una institución educativa y un niño son la oportunidad para que la sociedad se dedique a la edificación del ciudadano y la familia. Es urgente ayudar a los niños a encontrar los modelos adecuados a seguir. Es necesario definir al nuevo ser social de Colombia, ese que dejará de comportarse como un arrimado, y logre ser un propietario más de su país.

Las instituciones educativas deberían ser los talleres para moldear a ese nuevo colombiano que hace falta. Ese que será a un mismo tiempo ciudadano y propietario para participar activamente en las decisiones que en un municipio se toman sobre la educación, donde no se puede dejar de lado el valor de lo humano, cualidad que nos permite relacionarnos con los demás: Saber que siente el otro, que necesita y que le puedo brindar para que sea feliz. Realizar ciudadanía es aprender a ser social, a interesarme en el otro y luchar para que a todos nos toque las mismas opciones políticas.

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Los niños cuando ven adultos irresponsables, cometiendo errores, o viviendo sin orden ni destino, lo que ven son caminos a seguir. Maneras de conductas a imitar, modelos a copiar. Si los jóvenes de una ciudad, de una calle, de un barrio, crecen viendo a los adultos resolver con violencia sus diferencias, a sus padres siendo agresivos con ellos y los demás, sus vecinos y amigos drogándose para evadir la realidad y los problemas de la vida diaria, buscarán pretextos para la discusión y no para él dialogo, la intolerancia y no el perdón. Harán eso mismo cuando tengan la oportunidad de expresarse como adultos, sin importar las consecuencias.

Pocos son los que entienden y se ponen a pensar que esto ocurre porque se dejan solos a los niños, seres que crecen saturados por las falsas perspectivas de la televisión con sus programas de mafiosos, de prostitución y de erróneas ideas de prosperidad. El colombiano está cansado de sufrir la negligencia y el olvido del Gobierno que le arrebata la sonrisa y lo deja a la expectativa de si se podrá alcanzar la paz en Cuba.

Al ver a la gente de los barrios, se observa que muchos han caído en la inutilidad social que resulta al desconocer la Constitución y su correcta aplicación. Si todos colocaran no solo el corazón sino el esfuerzo día a día, tal vez se podría alcanzar lo que hoy parece un imposible, sin embargo, el paso que se debe dar es sencillo: Primero conocer y luego cumplir los deberes, luego reclamar los derechos constitucionales. Aquí radica la importancia de la educación, que sea pensada para unir al estudiante del bachillerato a la realidad social y que no sea solo aprender algo parecido a cultura general.

Se entiende la necesidad de individuos capacitados, con una mentalidad abierta, y habilidades suficientes para elevar la voz y ser escuchado. Los adultos deben ser ejemplos para los jóvenes que vienen detrás, referente para que el niño mire hacia adelante y no le asuste su destino. Familias unidas que sean la sólida base de la ciudad y que estas ciudades sean el prototipo de un país sin conflictos, ni corrupciones. A Colombia le falta gente con identidad y pertenencia.

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Para ser un futuro ciudadano es que hay que ser dolientes con lo que le sucede al vecino, que se entienda que nadie escapa a la fatalidad del otro. Se debe mostrar al adulto desocupado el retorno a la acción, enseñarle sus deberes, que satisfaga sus derechos con honor. Si los adultos vuelven el rostro a la dignidad y a la autoestima, nuestras ciudades no se privaran de sus héroes dormidos. Entonces, se podrá ofrecer a los niños un honesto esquema a seguir.

Para rehacer a esta Colombia que se desgarra y llora las vidas sacrificadas de sus hijos en combate fratricida, es hacer del niño, un laboratorio donde se produzca Democracia. Es el momento para que, quien nunca ha tomado la palabra, lo haga y la exprese con poder, que al pronunciarla desde su corazón, brote llena de espíritu e inmensa hacia la democracia. Por eso se hace primordial la educación y la cultura, con ellas el pueblo será claro en ejercer autoridad política y económica, sin dejar por eso, abandonada, la autoridad moral.

Este escrito desea recordar que un pueblo sin ciudadanos, es decir, sin sujetos históricos, sociales y humanos, no se puede hablar de cultura honesta, de salud mental, de vínculos sociales nuevos, claros y responsables, Colombia debe retornar al civismo, a la educación, a la tolerancia, al respeto por la diversidad de razas y pensamientos. Virtudes que el adulto actual no posee, por lo tanto, es el momento ideal para ofrecerlas al niño… ese posible laboratorio de patria.

Escritor: Eduardo Carrillo Morales

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