EL SUEÑO

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Esta historia aconteció en un terruño colombiano, en el cual el resplandeciente sol que nace desde el oriente iluminaba las pendientes escarpadas; los sutiles retoños de las hierbas, las fuentes de agua cristalina, flores de vivo color, mariposas aleteando, caracoles deslizándose de roca en roca y aves entonando melodías.

Fue en éste alucinante lugar, en donde un joven se encontraba observando un libro, tendido sobre el tronco de un robusto árbol. Él, quería alumbrar con luz propia, ser viajero del tiempo y la distancia; deseaba superar la agilidad de una salamandra, el vuelo de un zancudo y crear cual artista, obras comparadas con la belleza de un Quetzal para tener inmortalidad como el Fénix. El jovencito era cual noche estrellada, porque vivía de sueño en sueño, tejiendo y destejiendo utopías. De ahí, que cada anhelo que tenía, lo guardaba de memoria en su corazón, para que el viento del olvido no se lo arrebatara fugazmente.

De repente, el muchacho sólo con abrir el libro que tenía en sus manos, sintió cómo una suave brisa lo acarició y un resplandor le iluminó el rostro dejándolo somnoliento. Ya en la ensoñación, escuchó una voz que le decía:

-Letra a letra se hace una palabra, espacio a espacio se construyen párrafos y entre párrafos encontrarás un texto. Soy producto de un alfarero que moldeó el barro para edificar la creación que posees.

-¡Sorprendido!-, el chico trató de despertar pero no fue posible, ya que al hojear las páginas de aquel libro, el eco de la voz lo convencía de permanecer allí. Así que se dio cuenta que estaba experimentando un delirio nunca antes vivido, por ello quiso que fuera inolvidable. Primero aprovechó el instante para descubrir el misterio que guardaba aquel libro y después formuló preguntas que le suscitó el mismo, tales como:

-¿Cuál fue el primer poema?

-A lo que una voz contestó: El primer poema fue aquel que nuestros padres nos deletrearon con el código del alma.

– ¿Qué ardides posee esta obra para embelesarme?-Explícame.

-Y la voz pronunció: Ninguna, sólo palabras. Esas que hacen del hombre historia. Aquellas que revelan las pasiones humanas y plasmadas en un lienzo pueden transformar hombres. Esas palabras son el ser del hombre, su mayor poder contra su fortuita temporalidad terrenal. Esas nada más.

-¿Quién es el encargado de atormentar mi existencia con tal obra?

-Un mortal, que quiso igualarse a los dioses y al escuchar el palpitar de su corazón hizo sus lágrimas símbolos que serían composiciones eternas.-le respondió.

-¿Qué será de mí ante esta quimera?

-Vagar por el mundo, apasionarte por el mundo y enseñar éstas y otras letras más.

-Por último, te ruego voz, que escuches estos humildes vocablos que escribí una noche en que la luna me recordaba una mujer y al terminar quiero que me expliques: ¿qué es poesía? En silencio siento pasión al recordar, aquel sol fulgente que fue testigo del amor que me dejó mendigo y esclavo sin salida al amar. Ya mi corazón necio no quiso olvidar, esos ojos que me miraron y el tiempo en que me cautivaron, tu candoroso rostro que sonreía y el cabello como se te mecía.

¡Oh! Pobre hombre enamorado porque tristes noches tendrá, días lluviosos lo seguirán y su corazón desangrará, por la herida que el amor causará. Cupido lanzó una flecha veloz el día que te vi pasar, tú recatada no quisiste parar. Instante como ese Fue de locura y fugaz. De inmediato, el joven esperando respuesta a su incógnita, notó que la voz enmudeció. Se levantó del leño y buscó entre los sonidos de las cigarras y las formas de las nubes aquellas locuciones que le hablaban. Fue después con el caer de las hojas secas de los árboles y con la llegada del crepúsculo que comprendió que nadie le murmuraba, estaba completamente solo. Desde entonces no se ha vuelto a ver al joven que trepaba en los árboles, nadaba en los riachuelos. Unos dicen que abandonó esa tierra para ir a contar a otros el conmovedor evento.

Escritor: Édilson Estiven Villada Restrepo

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