ENTRE EL “PODER Y EL DINERO”

“Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales». Dinero. Según la definición del diccionario es una “moneda corriente; hacienda, fortuna; para obtenerlo hay que ganarlo; el que se dá o recibe en préstamo; ser miserable o poco dadivoso”. En pocas palabras es lo que plantea Tomás Carrasquilla en su novela, Frutos de mi Tierra; en la cual se rinde culto al dinero, bien preciado que todo ser humano sin excepción alguna desea a toda costa para alcanzar el poder.

En 1896, época en la que fue creada la novela; la riqueza ya no proviene de las minas o de las haciendas coloniales, sino del comercio. Los nuevos comerciantes, como Mónica, Agustín y Filomena acumulan sus riquezas a costa de las luchas políticas y “la revolución de la guerra grande”; ésta última en mayor medida fue la que les permitió acumular tanto caudal. Cuando cesó la guerra todo se complicó; pues con ello, llegó el libre comercio; sin embargo, “con todo los tronados y cesantes que las guerras dejan, la prendería fue la más buscada con vela” (7); y en diez años los Alzate, se vuelven los nuevos ricos de la sociedad naciente, en la ciudad Antioqueña.

“La seña Mónica Seferino quedó viuda del maestro Alzate, con una rufla de siete muchachos y una casita de mala muerte por único patrimonio” (10). Con dos onzas que le prestaron “transformó la sala en tienda, de la noche a la mañana […] al mes ya tenía la pulpería montada”. Antes de que ellos consiguieran su riqueza, eran unos hombres comunes y corrientes; el dinero que logran obtener, les brinda la oportunidad de pertenecer a la alta alcurnia y de adquirir prestigio social en la nueva vida de ricos.

“El nuevo Rey se hace por el dinero” (22). Por lo tanto, daca individuo tiene que ganarse el suyo, ya que el poder está determinado por éste. Los Alzate en el afán desmedido de poseerlo, se olvidan de sí mismo para entregarsen en cuerpo y alma al rebusque de la moneda; a cual tenga más artimañas para conseguirlo, y aquel que no lo posee es pobre y es menospreciado por los Alzate, ello puede verse en la forma como tratan a la familia de los Palmas y no descansan hasta hacer que se marchen del barrio, porque según ellos, los palmas no pertenecían al linaje de los nuevos ricos resucitados.

En esta sociedad naciente, “el nuevo rico es un advenedizo que debe ser reconocido como rey y sus facultades para reinar son calibradas por la cantidad de dinero que les respalde y no por otros valores; los Alzate, los únicos títulos valor que poseían eran los de la hacienda, la tienda, la casa, las joyas y el dinero; puesto que, no tenían otros valores que mostrar ni siquiera en comportamiento y trato para con sus hermanas, quienes las trataban con menosprecio, debido a que eran unas mantenidas incapaces de aprender a ganarse su dinero; por seo eran no menos que las empleadas del servicio sin paga alguna, sólo tenían derecho al bocado de comida. Filomena y Agusto eran unos individualistas sólo pensaban en su propio “yo” y consideraban a sus hermanas y a las Palmas como seres inferiores.

Con el dinero cada cual busca ser aceptado, y tener prestigio a través de las alianzas financieras o matrimoniales; como la de Filomena y Agustín, la de Pacho con doña Bárbara, la de Pepa con Martín. Cada cual busca ser reconocido; ya que el dinero es símbolo de aceptación y prestigio, el poder es la seguridad de supervivencia; pero también se dá “una especie de contrato”, en el cual, el nuevo rico acepta al marginado sin mezclarse con él, imponiéndole su poder: Por el temor a la muerte, Agustín “se rodea de Nieves, Bernabela, la cocinera y el muchacho que traía y encerraba la leña […] la servidumbre tenía que dormir al píe de la cama del señor formándole cerco. ¡Y pensar que en otro tiempo le producía buscas el olor de la gente del pueblo”.

También pude observarse ese hecho cuando Agustín le escucha el consejo a Bernabela de resignarse ante lo sucedido con Bengala y le cuenta una historia que le había oído decir al Padre Rojas; éste la escucha sin replicar palabra alguna cosa que en otro tiempo no lo hubiera aceptado debido a su soberbia, y la inferioridad que él sentía por ella; sin embargo, la escucha porque se encuentra derrumbado de su trono.

Agustín, el hombre del trono se vino abajo por los latigazos que le propició Jorge Bengala, quien él consideraba inferior por su pobreza, éste último le destruyó su imagen de hombre poderoso, dejándolo como espectáculo social; el temor a la muerte se apodera de él y en medio de sus alucinaciones cree ver a una mujer que quiere reclamarle algo del pasado: “Esperó en el campo- santo hasta el anochecer: quería ocultar su dolor”. “Ya de noche, atravesaba las calles, a paso lento, llevando bajo el brazo un envoltorio”. “Ocho días después se vendieron en al tienda de los Azate el pantalón y los zapatos de la muerta” (34); es la consciencia que lo acusa; no obstante, cuando ve amenazada su fortuna, se levanta en ira e improperios contra su hermana para defenderla.

Los nuevos ricos desprecian al inferior, de donde provienen; por tanto se desprecian a sí mismos “cada hombre mirará a sus semejantes como seres inferiores, y será esa mirada la que en última instancia lo haga igual a todos ellos” (Rodríguez; 1988, 37). Por tal motivo, los Alzate le hacen la guerra a todos los del barrio; “Los Alzates pusieron entre ojos al vecindario entero. A todos declararon la guerra y con especial encarnizamiento a la familia de Don Juan Palma, única pobre de la calle” (37). No obstante, estos nuevos ricos eran para la élite, seres extraños e inferiores; estos nuevo ricos, ubicados entre el desprecio por los que consideraban inferiores y el deseo de alcanzar el prestigio de los que consideraban superiores, son desadaptados en una sociedad en la cual ellos marginan a los primeros, y son marginados por los segundos.

La gente “rica y del copete” (44). Vive de la ostentación, ello puede verse en el despliegue del matrimonio entre Pepa y Martín o como dice Mazuera de Martín Gala: “Un pepino de olor: Mucho tamaño, mucha elegancia, mocho perfume…! y dentro estropajo” (53). Por dentro, los nuevos ricos no tenían nada, no eran cultos ni instruidos, no se preocupaban por la educación sino por amasar dinero sin importarles el robar a los muertos; los alzate poseen una escala de valores distorsionada (valores que son producto de su culto al dinero) lo que les impide ver correctamente su medio ambiente y de contemplarse a sí mismos en relación con el entorno, presentando una pérdida de valores espirituales. Mientras que los antiguos ricos aceptan los valores de la colonia que éstos imponen y buscan para sus hijos una educación religiosa como la que recibió Pepa en el “colegio de las hermanas” o como la que deseaba la madre de Martín para su hijo en el colegio de Medellín.

En cambio, Agustín y Filomena, quienes habían recibido lecciones para aprender a leer y escribir y “echar cuentas” (71), “y con eso tuvieron pa endilgase” (72), nunca tuvieron después “nada que huela a libro ni a impreso, ni a recado de escribir” (73), careciendo por completo “de alguna luz intelectual, de algún sentimiento elevado: Agusto ignoraba que la lectura fuera para entretener espíritus enfermos” (127). Pero Agustín, en medio de su enfermedad escucha las historias de Bernabela, aunque quien las disfruta en mayor medida es Nieves. El sólo hecho de ser tan ricos, pero carecer de intelecto los hace pobres de mentalidad, ya que no poseen una cultura intelectual del mundo que los rodea.

En esta historia, el progreso se mide por los objetos, por ejemplo Filomena vivía cargada de alhajas, prendas costosas; estos nuevos ricos son extravagantes, “el rico vive y juzga por las apariencias exteriores y por ellas es juzgado en mayor o en menor medida” (Rodríguez; 1988, 37); por esta sencilla razón Martín no podía casarse sin hacer mucho ruido, sin que lo envidien y que decir de doña Chepa “a quien se le había metido que el matrimonio tenía que distinguirse entre todos, de eclipsar los más sonados hasta entonces y de hacer época” (107); estos individuos viven de las apariencias y del qué dirán, “vanidad de vanidades” decía el predicador. Acaba la esclavitud del trabajo forzado, pero se convierten en amos y esclavos del dinero.

Para Filomena el dinero es la realidad y el medio para obtener el amor de César “dinero e ideales se confunden y se pierden juntos: “¡Qué hombre, qué marido! Todo el capital – llevado a Bogotá en giros, alhajas y sonantes- todo lo maneja él” (322). Se produce de esta manera un intercambio, tú me das tu amor, yo doy mi dinero; y César lo entendió todo de tal manera que se llevó el dinero como forma de pago por el amor que le brindó a Filis; ya sin dinero ni amor más valía muerta. Con César, apostó el póker que tenía bajo la manga y lo perdió todo, como dice Agusto: “¡la plata no sirve sino pa uno condenase!” (326), ella se condenó y Augusto se entregó por completo porque también sabía que es “capaz de mucho” (156); pero lo que nunca comprendió él, era que también servía para socorrer al prójimo haciendo obras de caridad y que Dios a aquellas almas bondadosas las recompensa por tales actos.

BIBLIOGRAÍA

RODRÍGUEZ R, Ángela Rocío. (1988). Las novelas de Don Tomás Carrasquilla. Edit: Ediciones Gráficas para las Ediciones; págs.334.
HINCAPÍE M, Ever Giovanny. (2004). El valor Social del Dinero en la Literatura Antioqueña. Edit. Universidad de Antioquia Fac. Ciencias sociales y humanas, departamento de sociología.
CARRASQUILLA, Tomás. (1896). Frutos de mi Tierra.

Escritor: Sandra Milena Díaz Mosquera

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