FAMILIA Y ESCUELA

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Los cambios que la sociedad ha impuesto hacen que la familia tenga un enfoque diferente al tradicional. Ahora la mujer tiene un amplio horizonte académico, laboral, político y social. Por esto los niños y jóvenes permanecen más tiempo en los colegios al cuidado y orientación de sus profesores y en el tiempo libre tienen la tecnología a su disposición sin ninguna clase de límites ni reglas; tampoco se practican deportes que exijan actividad física y que permitan compartir en familia, no se comparte la mesa en familia y mucho menos se dialoga en familia. Debido a esta situación se necesita replantear el papel de la familia y pasarlo de un proceso biológico a uno pedagógico, en el que se evidencie verdaderamente el rol de madre y padre y el compromiso con su hijo, para que de esta forma, de mano con la academia, la sociedad se forme con personas bien preparadas que le sean útiles al mundo laboral de manera exitosa.

En el proceso escolar de los niños y jóvenes en la escuela actual intervienen diversos factores que determinan su nivel académico dentro y fuera del aula. Uno de ellos es los diferentes estilos de familia con la que cuentan los estudiantes; por ejemplo, las familias disfuncionales -que ocupan un alto porcentaje dentro de la población escolar en cualquier estrato social de nuestro país- afectan el proceso escolar del niño debido a la inestabilidad del núcleo familiar provocando una pérdida de responsabilidad por parte del estudiante, lo que lleva en si mismo, a una deficiencia en su rendimiento académico. Además de esto, la falta de un “compromiso compartido” hace que la mujer cargue consigo la mayor parte de la formación en todo aspecto de sus hijos.

Las familias actuales deben reflexionar profundamente sobre su rol en el proceso educativo de sus hijos, se esta delegando toda la responsabilidad al colegio y esto no es correcto; se sugiere un trabajo en equipo con las instituciones educativas, mayor acompañamiento en casa, practicar un deporte o actividad física de manera regular y que se involucren en las diferentes actividades que el colegio o escuela programan, como lo son: reuniones periódicas, talleres de padres, hora de atención de cada docente, día de la familia, orientación psicológica y de capellanía, juegos deportivos intercolegiales, intercambios de tipo académico interinstitucionales, etc.

Únicamente al interior de las familias se vivencian aspectos como el amor desinteresado, el respeto, la sexualidad, la honestidad, la solidaridad, la autoestima, las normas para una sana convivencia, el rol que tiene cada miembro de la familia, la línea de autoridad, etc. Todos estos valores se evidencian en el comportamiento y en el rendimiento de los niños y jóvenes en los colegios. Teniendo en cuenta que el espacio educativo donde los niños y jóvenes se forman y se desarrollan física y mentalmente es de vital importancia en su vida como adulto; pues, es en los colegios donde se explora todo el mundo del conocimiento y se fomenta la orientación profesional; la participación de los padres en esta etapa escolar es fundamental.

Un estudiante que no posee una familia claramente definida muestra un proceso escolar con dificultades que se muestran no solamente en lo académico, sino que también en su aspecto social y convivencial. La difusión de las familias también tiene incidencia económica y emocional que conlleva a una limitación en las aspiraciones de todo estudiante y lo motiva o desmotiva en el alcance de su proyecto de vida en el cual los padres siempre están inmersos en el logro de objetivos futuros de todo joven.

Un porcentaje significativo de los padres de familia de los colegios son parejas muy jóvenes que están formándose simultáneamente como padres y profesionalmente, es decir, están estudiando una carrera profesional y en algunos casos no tienen ni el bachillerato completo por lo que lo están terminando. Los hijos de esta población tienen un futuro aún más desalentador y el papel de la escuela o colegios es más evidente y significativo porque se debe educar tanto al estudiante como a los padres.

El trabajo de la escuela y la familia debe estar orientado al logro de objetivos comunes que lleven a los estudiantes a disfrutar el placer de gozar de una educación que lo llevará a tener una madurez en la toma de decisiones para su futuro profesional y personal. Es muy importante rescatar valores propios de la familia que se han perdido, gracias a la modernidad y a la tecnología mal utilizada.

Escritor: NOELBA CAMACHO PARRAGA