HIDRATOS DE CARBONO Y EL DEPORTE

Una de las principales causas de fatiga muscular es el agotamiento de la reserva de energía. Al agotarse las fuentes de carbohidratos en nuestro cuerpo se usará las reservas de lípidos como energía por medio de su oxidación y por último de las proteínas, estas últimas no generan mucha energía por unidad de tiempo.

Cabe indicar que los hidratos de carbono no solo darán energía sino que hará que nuestro cuerpo rinda más en su actividad, esto ha servido para la realización de estrategias deportivas ayudando al rendimiento deportivo.
Los individuos bien entrenados utiliza menos las reservas de glucógeno y usan mas la de los lípidos en forma de ácidos grasos ya que han desarrollado esta actividad aeróbica; en cambio los individuos muy poco entrenados es lo contrario, pero en cualquiera de estos casos el consumo en la dieta de Carbohidratos debe ser mayoritario.
Como el organismo acumula la energía en forma de glucógeno sobre todo (reserva de carbohidratos) en el músculo y el hígado, también lo hace en forma de triglicéridos (grasa en el tejido adiposo). Esta energía es la que proviene de los macronutrientes (carbohidratos, proteínas, grasas) de los alimentos consumidos, y se obtiene durante los procesos de oxidación de los nutrientes que tiene lugar en la mitocondria de todas las células. En el organismo la energía se expresa en forma de una molécula, el adenosín trifosfato (ATP). Podemos considerar este ejemplo: un sujeto de 70Kg su total de glucógeno almacenado aproximadamente es 400-500g de los cuales 400g corresponde a glucógeno muscular y de 80-100g al glucógeno hepático, y solo una pequeña parte 10g de glucosa está en la sangre.
Esta molécula ATP va a transferir a las células la energía, pero la cantidad de ATP disponible es limitada. La reserva de glucógeno en músculo e hígado tiene su periodo límite. Cuanto mayor es la intensidad de un esfuerzo físico, mayor es la velocidad de utilización de la energía.
Cuando las reservas son deficientes, las células recurren a la glucosa en la sangre para obtener energía. Si la glucosa sanguínea no es suficiente, como consecuencia de una alimentación pobre en hidratos de carbono, tendrá lugar una hipoglucemia, es decir, una bajada del nivel de glucosa sanguínea. En ese momento el organismo provoca una reacción de alerta frente a dicha situación, que es la sensación de hambre repentina.
Los hidratos de carbono se almacenan hidratados, 1 g de glucógeno fija 2,7 ml de agua, por lo que un 65% de sus depósitos son de agua. Por el contrario el almacenamiento de lípidos es sin agua en un 90-95%. Los lípidos son más rentables como combustible. La reserva de hidratos de carbono es, sin embargo, esencial, tanto porque la glucosa es un material energético que, a diferencia de la grasa, puede utilizarse en ausencia de oxígeno, como por el hecho de que tejidos tales como el cerebro o las células sanguíneas no son capaces de utilizar la citada grasa. Además, existen vías metabólicas en las que el exceso de glucosa se puede transformar en ácidos grasos, pero ninguna en sentido opuesto.

Autor: Lupe Rossanna Mendieta Mendieta

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