Implicaciones para la política familiar de los proyectos clave de política de tiempo. – 2 parte –

La otra cara de la moneda es liberarse de las obligaciones que comportaban y tener la posibilidad de buscar y comprometerse con nuevas formas de convivencia y vinculación más flexibles y escogidas con libertad para cada individuo. Con las formas de convivencia de nueva creación o nacidas de la ampliación de modelos existentes («familias patchwork», vecinos, redes de apoyo específicas de entornos concretos, etc.), surgen también nuevas oportunidades de fomento de la cohesión y la integración social.

La promoción de la política de tiempo incide conscientemente en estas oportunidades y es una de las formas en que se puede utilizar el desarrollo urbano. A partir de la flexibilización del trabajo y de la individualización y pluralización de los mundos vitales, nacen nuevas demandas en las expectativas de la comunidad estatal (Municipal, estatal e incluso transestatales). Con todo, la misma comunidad se encuentra también en una situación complicada, como si se pudiera esperar que ella misma solucionara las grietas que fracturan el mundo laboral y familiar.

A veces las propias comunidades locales agravan o reproducen estas fracturas. Frecuentemente, las redes informales que descansan sobre la familia o el vecindario pierden la fuerza o se acaban disolviendo. Los municipios, en calidad de unidades espaciales, corren peligro antes de la desurbanización. Pierden habitantes, aunque no necesariamente «usuarios».

Aumenta la competencia con otros focos de atracción en vivienda, trabajo y ocio. La comercialización universal les somete a una elevada presión de aceleración y tránsito (de individuos) que a la vez los hacen menos atractivos. De acuerdo con el conocimiento científico actual, es muy probable que las fracturas entre trabajo, trabajo y comunidad local continúen en el futuro o incluso se agraven.

Los expertos no tienen claro, sin embargo, cuáles de las anteriores tendencias de evolución para las próximas décadas serán evitables y cuáles serán inevitables. Se considera que la evolución de la actividad profesional y de las familias es difícilmente reversible: vemos la evolución del mundo laboral debido a la presión globalizadora y el desarrollo los mundos vitales debido a la persistente destradicionalización de las formas de vida y de socialización.

Por este motivo debemos prestar especial atención a las posibles evoluciones alternativas de las comunidades locales. Podría ser que estas lograran desarrollar más poder de integración («cohesión reticular») en este contexto por medio de una orientación más clara de su política del día a día y de su conformación del tiempo, además de un mayor grado de información, cooperación y participación.

Recientemente he realizado un análisis sobre los inicios de los proyectos de ciudad en Alemania y Europa que han optado por un acceso de la sociedad civil a la política de tiempo, y he presentado un informe más bien escéptico.  La impresión que he obtenido es ésta: los actores de la sociedad civil, en el papel de promotores de deseos en materia de política de tiempo, no están suficientemente concienciados y unidos para desarrollar su fuerza frente a los actores «del sistema» en los ámbitos político y económico.

En cambio, tampoco se puede subestimar el peso de los deseos de la sociedad civil en cuanto a política de tiempo, los actores del sistema perciben estos deseos mediante «sensores» y «antenas»,  esto es, con «sistemas de alerta temprana », y los incluyen en los cálculos por la vía de la legitimación preventiva. A la luz de estos resultados, para la continuación del proyecto Ciudad 2030 parece adecuado dejar de buscar primordialmente el punto de acceso en los actores de la sociedad civil y empezar a buscarlo en los actores políticos y económicos, de hecho, se hace así prácticamente en todos los proyectos clave.

Concretamente, en el proyecto del parque tecnológico y universitario es importante integrar, en cuanto a la exploración, un componente «del mundo vital» que permita la existencia de un «deseo de permanencia» y «identificación». En otros casos similares vemos este componente cuando comprobamos que también se vive, en el campus, y que como consecuencia de la mezcla de usos existen relaciones entre los sexos y entre generaciones que son determinantes culturalmente hablando.

Si este tipo de mezcla de usos se separa debido a restricciones objetivas, la estrategia de la política de tiempo estará obligada a apostar por sucedáneos de los efectos locales de una mezcla de uso: cuidado infantil, tiendas, cultura, aprovisionamiento, etc., sin cultura residencial. También hay ejemplos de estas estrategias sustitutivas, como podría ser el caso de los centros comerciales que se han construido. Veremos si un campus puede apoyar o no su vitalización en esta tipo de sucedáneos de los mundos vitales familiares en el experimento real.

Incluso en el caso de los barrios mediáticos está la amenaza de una monocultura de dominación de los jóvenes profesionales, hombres sin hijos. Según lo que sabemos de los barrios postfordistas, la productividad y la capacidad de innovación dependen también del alcance de las ofertas culturales y gastronómicas urbanas.

Aquí se plantea si se puede sobrevivir en una mezcla de estas características, más bien funcional, o si el atractivo de este tipo de barrios necesita, además, la mezcla social de edades y de sexos: el empleo cualificado femenina, la posibilidad de combinar la actividad profesional con la paternidad gracias los sistemas de atención de los niños, los horarios laborales y, en última instancia, el mismo asiento vital.

El punto nodal de la imagen tiene de entrada más referencias vitales y familiares, tal como las conoce la escuela fordista tradicional. La cuestión es más bien hasta qué punto estas referencias se pueden medir con los fundamentos «sistémicos » De la institución escolar: los sistemas temporales de profesores, monitores y personal de administración, regulados por convenios colectivos, los sistemas de seguros titulares de los centros docentes, la tendencia hacia la economía de empresa de los asesores de empresas, la resistencia sindical contra el voluntariado como sustituto de la profesionalización, etc.

Basar el proyecto exclusivamente en la sociedad civil será un fracaso. En lugar de eso, parece ser viable fundamentar la apertura de la escuela de una manera también sistémica. Por ejemplo, el experimento Bertelsmann o el «movimiento extraescolar» prometen éxito escolar y se mantienen al margen del sistema educativo actual a pesar de que, a la vista de PISA y IGLU, éste los necesita urgentemente.

También el proyecto de modernización de la Administración presenta implicaciones para la política familiar. Las ofertas de servicios de una institución deben poder reaccionar a las condiciones vitales de sus usuarios. Para poder interrelacionar y combinar los intereses temporales de los trabajadores y de los «clientes» (integrados todos en intereses familiares y vitales), la institución necesita nuevos procesos de apertura y exploración, métodos de compensación y ajuste de intereses, en todos estos contribuye el enfoque de política de tiempo.

En el proyecto de crear guarderías cercanas a los centros de trabajo, es necesario que se supere una pregunta: después de todo, no se trata de una simple estrategia de política laboral? Por un lado, serían lugares donde se podrían dejar los niños (desde el punto de vista de los trabajadores). De la otra, constituirían un tipo de fidelización en la empresa ya su ideología (desde el punto de vista de la empresa).

Clasificar esta realidad con la etiqueta de política familiar demostraría muy poca vista. En este ámbito, se elaborarán soluciones auténticas de política familiar liar desde la perspectiva y con la participación de los niños afectados y proyectar ofertas locales que ofrezcan independencia y equilibrio cultural. Los intereses de política de tiempo se refieren a valores morales y culturales tanto como a demandas económicas de solución de problemas. La misión del experimento real es poner a prueba la congruencia de intereses.

En cada uno de los cinco casos, los proyectos se desarrollan como políticas laborales, locales o familiares. Porque sean adecuados, con todo, es necesario que se extiendan en cada una de las otras áreas. En este sentido, se demuestra que todos estos proyectos de política de tiempo tienen implicaciones de política familiar.

En esta ampliación necesaria nunca deja de haber un cierto riesgo: se puede rechazar o se puede efectuar exclusivamente en un plano funcional. A menudo el éxito depende de que un interés se pueda expresar al mismo tiempo en el idioma tanto de los unos como los otros.

Pero los intereses siempre han de encontrar un nivel lingüístico común, y para ello parece que en muchos casos el enfoque de política de tiempo es lo que puede ofrecer el vocabulario apropiado. Con todo, nunca en ningún experimento real no se puede predecir claramente qué será el resultado.

Autor: Diana Perilla

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