Investigar y definir la situación actual de los biocombustibles en España y Europa.

El Centro de Investigaciones Energéticas (CIEMAT) define la biomasa como «el conjunto de materia orgánica, de origen vegetal o animal, y los materiales procedentes de su transformación natural o artificial» Identifica también la producción agrícola derivada de cultivos energéticos, es decir, de aquellas plantaciones dedicadas en exclusiva a producir materias primeras que se convertirán en energía, y los residuos procedentes de las actividades agrícolas y los gases de los vertederos y otros desechos de origen urbano.

En este sentido, los biocombustibles son aquellas sustancias que se obtienen a partir de un proceso de transformación químico de las materias primas, los cultivos energéticos y los residuos antes mencionados y que, por tanto, almacenan la energía derivada de la biomasa. Una clasificación común es la división de los biocombustibles entre primarios y secundarios. Los primeros son aquellos en que la materia orgánica se somete a un proceso de combustión directa y satisface la demanda de combustible para generar calor y electricidad en aplicaciones domésticas o industriales a pequeña escala.

El biocombustibles secundario, por su parte, se someten a procesos de fermentación, sacarificación y esterificación para que se puedan emplear en muchas más aplicaciones, las más importantes de las cuales son su uso por el transporte y para procesos industriales en media y gran escala. Sin embargo, la clasificación más conocida es la que distingue entre biocombustibles según la densidad que presenten, a saber:

  • Los biocombustibles sólidos; como la leña, los gránulos de madera o el carbón vegetal. También se incluyen en este grupo los cultivos energéticos de plantas perennes de corta rotación como el eucalipto o el sauce. Se transforman en energía sobre todo por medio de la combustión y generalmente representan el único acceso que las poblaciones rurales más pobres tienen la energía.
  • Los biocombustibles líquidos, son aquellos que se obtienen después de procesar cultivos ricos en azúcar, fécula, aceites y celulosa. Poseen propiedades similares a las del gasóleo y la gasolina, lo que los hace aptos para su uso en el transporte.
  • Los biocombustibles gaseosos o biogás; se producen a partir de la descomposición de basuras o residuos forestales, agrícolas y urbanos, y se pueden utilizar para generar calor o electricidad. También se pueden utilizar como combustible para vehículos después de ser sometidos a procesos de compresión, ya que de esta manera tienen características similares a las del gas natural. Los biocombustibles son, por tanto, una fuente energética renovable ligada a la energía solar que es la que permite la obtención de los cultivos agrícolas. Aproximadamente el 80% de esta energía tiene un uso residencial y el 18% un uso industrial. El 2% restante se utiliza para el transporte y casi la mitad se emplea para la industria automovilística.

Pero a pesar del uso limitado de los combustibles líquidos para el transporte, en el último decenio han sido éstos los que han experimentado una mayor expansión a nivel mundial como carburante por transporte elaborados a partir de productos agrícolas. Y es éste uno de los motivos por los que el presente trabajo se centra en este tipo de energía. Los biocombustibles líquidos representan en la actualidad una de las principales fuentes alternativas que puede abastecer el sector de los transportes, que consume aproximadamente el 70% del petróleo extraído en el Mundo.

Y es que salvo la limitada expansión de los vehículos alimentados por electricidad, hidrógeno o Gas Natural, el resto del transporte está sometido al uso de la gasolina o el diesel. Es por ello que los biocombustibles líquidos han experimentado un notable crecimiento en los últimos años para sustituir la dependencia sobre los carburantes utilizados en los vehículos de motor. Ya sea para uso particular o industrial, cambiar gasolina o diesel por un combustible menos contaminante conllevaría importantes beneficios ambientales y diversificar la matriz energética.

Además, tanto los motores de los pequeños vehículos como de los grandes camiones de mercancías admiten mezclas de gasolina o diesel y biocombustible sin necesidad de ninguna modificación. Por lo tanto, sin cambios radicales en las actuales tecnologías ni políticas de transportes, este carburante ha recibido el apoyo de gobiernos de todo el Mundo por su producción.

Para el caso de España la producción más importante es la de bioetanol a partir de cereales (sobre todo cebada). Pero como no hay ninguna cuota de mercado por los biocombustibles que obligue a las empresas petroleras, ni hay suficiente mercado y la producción de bioetanol se dedica a la exportación a países como Suecia.

En España la capacidad de producción de biocombustibles a finales de 2010 ha sido de 3.874 ktep / año. A pesar de ello el consumo sólo ha crecido en cuota obligatoria para las petroleras, llegando a 1.217 ktep, un 31,4% de la capacidad instalada. La producción de las plantas españolas alcanzó a 502 ktep, es decir, un 41,2% del consumo y un 12,9% de la capacidad total. El resto se importó. He aquí el punto más importante para la evolución de los biocarburantes en España. A esto hay que añadir la importación de materias primas, pues el país es deficitario en cereales, para satisfacer la alimentación y la ganadería, y en aceites destinados al biodiesel.

Con todo, el objetivo del borrador del nuevo plan de energías renovables del ministerio estima el consumo de energías renovables en el transporte para 2020 en 400 ktep de bioetanol y de 2.313 ktep de biodiésel.  No parece que los biocarburantes sean de momento una solución.

Si el año 2020 la previsión de consumo de gasolina es de 6.351 ktep y el de gasóleo de 24.123 ktep, es decir un total de 30.474 ktep, los biocarburantes significarán el 8,9% del total. Todo ello sin contar con la incidencia que tiene este despliegue de productos con materias primas en competencia en actividades como la alimentación, provocando fuertes tensiones políticas y sociales.  Es de esperar que la segunda generación de biocombustibles, la que parte de compuestos lignocelulósicos en lugar de los frutos vegetales, se convierta en una solución viable para el transporte. Eso sí, a un coste de producción tremendamente lejano del combustible actual, por lo que el transporte estará obligado a rehacer su peso cultural en nuestra sociedad.

Autor: Sampiere

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