LA ADOLESCENCIA DE LOS NUEVOS ADOLESCENTES

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Todo tiempo pasado fue mejor, o por lo menos es lo que yo pienso. A los 12 años todavía se jugaban con muñecas de plástico y las niñas se peinaban de coletas. Hoy veo estupefacta y con horror como el plástico se cambió por materiales más reales, que los muñecos cobran vida, comen, duermen, demanda atención y generan gastos increíbles. Con pasmo veo que las niñas ya no usan coletas, más triste aun ya casi ni ropa usan.

Los embarazos no deseados y las modas no son los únicos temas de los adolescentes actuales, ya que cada década tiene sus propios problemas y sus propios adolescentes. Lo realmente importante es pensar, ¿Qué ocurrirá cuando estos niños tecnológicos, amedrantados en muchos casos por el bulling y alienados con estrellas pasajeras construidas solo para vender, tomen el mando del mundo?
Sabemos que la adolescencia es el paso que hay entre la niñez y la adultez, es donde se descubren los aspectos más importantes de la personalidad que formara el carácter del futuro adulto. Es un período de cambios biológicos desconcertantes y bochornosos en algunos casos, por sí solo, un proceso muy difícil. Ahora sumemos los cambios del mundo circundante de los adolescentes.
La tecnología que no parece detenerse nunca y que les brinda una libertad que ni los adultos tenemos por simple ignorancia hacía la misma.

Las redes sociales que les permite entablar relaciones de la forma más simple con desconocidos que pueden ser desde un elegante magnate filántropo, hasta un pedófilo disfrazado de un elegante magnate filántropo. Les da herramientas para regar sus fotos (comprometedoras o normales), como migajas, para que los monstruos cibernéticos no pierdan el camino hacía su inocente y desprotegida privacidad, dignidad y en muchos casos su propia vida.
Ahora hablemos de sus ídolos, simples muñecos fabricados por compañías que solo buscan lucrarse con las fantasías de niñas y niños; que cuando se ven explotados y deformados en pro del consumismo de sus fans, mutan en un extraño ser, ni adolescente, ni adulto, con poder y dinero, que ahora se desinhibe y muestra facetas perjudiciales para sus impresionables seguidores. Recordemos que estos artistas comenzaron muy jóvenes, casi niños y que sus fans crecieron con ellos, pero que en el camino fueron cosechando nuevos fans mucho más jóvenes, que los ven como su modelo a seguir.

Los programas de televisión dirigidos a los adolescentes, tienen la profundidad de un charco y no les presentan retos a su intelecto, por tal razón los muchachos se ven obligados a buscar alternativas más adultas que no son las más recomendables, porque si bien algunas producciones (sobre todo las colombianas), buscan mostrar realidades de un país, a veces las distorsionan proporcionando características heroicas a los peores villanos, creándoles roles y ejemplos vivenciales negativos.

Releyendo lo anteriormente escrito; que son pensamientos totalmente personales rondando por mi cabeza al ver lo que rodea a los muchachos de hoy, y no resultados de estudios realizados por afamados profesionales y/o instituciones; me doy cuenta de que no les estamos dejando un mundo en las mejores condiciones, que quizás en nuestra adolescencia nos faltó algo o mucho, y que nuestras experiencias dejaron el camino marcado para ellos, para bien o mal. Los niños de ahora tienen las cosas muy fáciles, las tareas ya hechas, el mundo totalmente conectado, soluciones a solo un clic, entretenimiento sin reservas ni censuras y padres complacientes debido a la culpa de sentir que abandonan a sus hijos por seguir sus propios sueños de realización; pero esa facilidad le quita la chispa a la vida, porque ahora los niños no hablan entre sí (solo chatean), tienen millones de amigos (casi todos virtuales), hacen copy – page (¿pero que aprenden?), en lugar de chismografo, tienen redes sociales (pero les hacen cyber bulling, que los empuja muchas veces al suicidio), hacen conferencias virtuales (pero cuando se reúnen con sus amigos reales a compartir una gaseosa), tienen millones de juegos de video (haciéndose cada vez más sedentarios, empujando a su cuerpo hacía enfermedades mortales), y tienen muchas cosas más; pero no van a atesorar recuerdos de escapas, ni travesuras para ver a los amigos, ni juegos en la lluvia con los charcos, ni tendrán memorias de programas que enseñaban a crear dejando al niño ser niño y tantas cosas que se están perdiendo por estar conectados a un montón de máquinas. Pensándolo bien, no tienen las cosas fáciles, sino la vida vacía de las cosas bellas que les puede brindar.

Escritor: CLAUDIA CASTRO

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