La aventura de ser docente y su verdadera esencia.

La Práctica docente vista desde cualquier aspecto es y debe ser una práctica donde se represente la verdadera intencionalidad del ser humano que pretende ser docente. Que es la de educar, pero no educar solo para transmitir conocimientos sino también educar con amor, con liderazgo, con responsabilidad con los suficientes conocimientos requeridos, debe ser un ser innovador que pretenda siempre enseñar estimulando esas ganas de aprender del estudiante moviendo esa motivación intrínseca que cada ser humano tiene.

Esto nos lleva a pensar o más bien a reflexionar cual es el propósito de la educación como y con qué herramientas y conocimientos  contamos para mejorar esa práctica que en el camino nos puede mostrar muchas dificultades es ahí donde se presenta la verdadera experiencia de la verdadera practica reflexiva del maestro. Es cuando nos enfrentamos a esos problemas cuando nos vamos a la reflexión y pensamos cómo y con qué medios contamos para abordar y darle solución a un problema.

Por ello es necesario rescatar la base reflexiva del quehacer docente, con objeto de entender la forma en que realmente se abordan las situaciones problemáticas de la práctica docente. De este modo, será posible recuperar como elemento fundamental y necesario de la práctica docente aquellas competencias que desde la racionalidad quedaban subordinadas al conocimiento científico y técnico. Normalmente nuestra práctica docente cotidiana está asentada en un conocimiento implícito en el que no ejercemos un control específico. Hay una serie de acciones que las realizamos espontáneamente sin ponernos a pensar un momento sin antes hacerlas .en este tipo de situaciones, el conocimiento no precede a la acción, sino que este está en la acción.

Aunque con esto no quiere decir que ser docente sea una tarea fácil, no solo consiste en pararse en frente y transmitir  una serie de conocimientos proporcionarle  a los estudiantes  ciertos métodos y estrategias para que  elaboren  conocimientos ya que, se tiene la concepción de que en el aula de clase se tiene el control de todo cuanto acontece en ella sin embargo, el aula es un espacio social donde se lleva a cabo un proceso complejo de prácticas, negociaciones, creaciones de gran significado para los que intervienen en el proceso educativo, es un proceso donde la práctica y la interacción y la relación se pone en juego.

La formación profesional, la práctica docente, la experiencia, la expectativa y las necesidades del docente así como la de los estudiantes. Pero tomar nuestra practica de una manera reflexiva significa pensar para que educamos, implica ubicarse en una sociedad como parte de ella, de sus definiciones, de su tradiciones de sus valores y sus estructuras; estamos hablando en que pensar en la educación implica pensar en sus fines, sus manifestaciones y sus actores este es uno de los niveles imprescindibles  del quehacer docente.

A veces las preocupaciones inmediatas nos llevan a olvidar la finalidad que como tal nos llevan a orientar nuestros objetivos y acciones particulares, o a su vez cuando nuestra preocupación gira solo en torno a enseñar determinados contenidos y se centra solo en la búsqueda de la mejor forma de organización se está perdiendo una parte esencial de la practica educativa El aprendizaje. Rescatar la reflexión en la práctica docente significa pensar cómo se enseña y como se aprende, por qué se enseña y por qué se aprende, para que se enseña y para que se aprende. Implica pensar continuamente en nuestras actitudes, prácticas y relaciones para ajustarlas a fines supuestos y realidades cambiantes. Para comenzar a reflexionar quizá debamos pensar en la práctica no solo como actividad sino como reflejo de determinados sentidos y significaciones construidos socialmente y que tienen que ver con las intencionalidades, los sentimientos y las definiciones.

 Autor: María Claudia García Rojas

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