RETOMEMOS NUESTRA ESENCIA: LA IMPERFECCIÓN PERFECTA DE SER HUMANO

Parece que hemos olvidado lo bello de vivir y disfrutar el tiempo presente con las personas que más nos aman. Las nuevas tecnologías han permitido grandes avances en nuestra humanidad, pero también han permitido un gran retroceso en la vivencia de las relaciones personales. Pareciera ilógico afirmarlo, pero a pesar de que las comunicaciones en la actualidad son tan avanzadas, tanto que nos permiten interactuar virtualmente con otra persona así esté al otro lado del planeta, esto ha cambiado por completo el concepto de relación e interacción.

No hay  nada mejor como seres humanos, que relacionarnos con nuestros pares de igual forma, sentir su cercanía, su calor, su olor y su tacto. Ver claramente y sin distorsiones de pixel la apariencia de aquel amigo o amiga y saber que podemos intimar en cualquier momento si un abrazo nace efusiva y voluntariamente entre ambos seres.  Es cierto que hoy en día podemos facilitarnos mucho la vida en las tareas cotidianas que antes ocupaban gran parte de nuestro tiempo: pagar en el banco, hacer una fila, solicitar un servicio o realizar un pedido de comida. Todo esto, hoy es posible con el uso de una conexión a Internet, sea desde nuestra casa o desde el trabajo o desde la misma calle en dónde nos encontremos.

Hemos logrado diversificar las actividades, de tal modo, que estiramos el tiempo para que nos alcance más…Pero, ¿más para qué? Queremos tiempo, queremos siempre más tiempo, pero realmente no sabemos para qué, porque si estamos trabajando, de todos modos tenemos que cumplir con un horario fijo de trabajo; porque si estamos jubilados, igualmente tenemos diligencias que realizar; si estamos estudiando, debemos seguir realizando nuestras tareas y obligaciones; entonces, ¿para qué queremos más tiempo, si al final lo seguimos empleando en lo mismo de siempre? Si tan solo existiera algo diferente que quisiéramos intentar, algo que nos hiciera crecer aún más, lo anterior tomaría, en efecto, un sentido más lógico. Sin embargo, nos quedamos en la monotonía de siempre, esperando que el tiempo nos alcance para seguir haciendo lo mismo de todos los días, tal vez, obteniendo los mismos resultados diarios: una rutina.

Si tal vez, quisiéramos hacer todo más rápido para, por ejemplo, pasar más tiempo con nuestra familia o amigos, podríamos hablar de hacer un uso efectivo del tiempo, porque estaríamos pensando en función de varias cosas, y no de una sola, monótona. En el mundo presente, vivimos para trabajar cada día, y para trabajar enriqueciendo a un tercero, porque de hecho, la proporción de los empresarios y emprendedores independientes que existen, es escaso; y aún así, no podemos darnos cuenta que la vida es más que ese trabajo diario de ocho a cinco de la tarde. No somos máquinas como sí lo son aquellas que nos permiten tener más tiempo, somos seres humanos, que por definición, tenemos la necesidad de interactuar con la misma especie humana, ser sociables y sociabilizar para adquirir habilidades. Una máquina jamás podrá reemplazar la voz humana, ni el sabor de un beso, ni la calidez de un abrazo, pero hemos puesto tanta atención en lo tecnológico, que la noción de sentir al otro, se ha ido modificando, sin darnos cuenta, que estamos perdiendo nuestra propia calidez humana.

Los abrazos, las miradas y los gestos físicos que alguna vez tanto disfrutamos de nuestros familiares y amigos, hoy se ven suplantados por guiños y emoticones virtuales, que tan solo reflejan una pequeña porción de  lo que realmente siente nuestro interlocutor  y aleja cada vez más, la creación de una ocasión de encuentro personal. Las reuniones sociales ya no son mirando a los ojos cuando hablas, sino que tus ojos están al pendiente de lo que te escriben por el teléfono; en la misma habitación, ya las palabras  han perdido su oralidad, pasando a ser parte de la escritura virtual, porque ni siquiera hacemos uso de cartas como hace algunos años atrás, sino que unas teclas tipean la letra que deseamos usar.

¿Dónde está la calidez de la palabra, que acompañada con expresiones faciales y corporales nos hacen sentir más cercanos? Ya las felicitaciones por el cumpleaños o el grado de la universidad no son llamadas personales para escuchar la agradable voz del ser humano, ahora basta con un post en tu muro de Facebook para felicitar de “corazón” a  aquella “persona tan especial”. Todo ha dado un giro de impersonalidad, al cual nos hemos ido acostumbrando sin más, sucumbiendo a la comodidad del uso tecnológico que tanto nos ahorra tiempo, distancia y situaciones con otros.

Así pues, yo invito a todos los que tengan la oportunidad de leer este artículo, para que pongamos más atención a la persona que está a nuestro lado, para que la invitemos a sentir de nuevo el sentimiento de antaño que nos sugería compañía verdadera, apoyo real y atención única para cada palabra pronunciada por  la boca de aquel personaje; para fijar nuestra atención en la belleza de su aspecto y de sus gestos únicos, creados naturalmente. Disfrutemos otra vez, esa sensación de familiaridad, porque sólo así, lograremos en alguna proporción, conservar lo que realmente nos hace humanos y valorar la belleza y la imperfección de nuestra perfecta condición.

 Autor: Alejandra Montoya P.

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