La historia del Titanic español

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La navegación española guarda un funesto espacio en su memoria para la fecha del 9 de septiembre de 1919. Aquél día, casi 500 personas murieron en el mayor accidente marítimo en tiempo de paz que España recuerda. El último viaje del Valbanera sigue rodeado de un halo de misterio y superstición difícil de romper. La historia de este buque se remonta a 1906, en Glasgow, Escocia, la Naviera Pinillos encarga la construcción de un navío que será entregado en noviembre del mismo año. La familia Pinillos originaria de La Rioja guarda especial veneración por la patrona de su comunidad y decide bautizar el barco con su nombre: Valvanera. Bien por error o despiste, el nombre es modificado y se cambia la ‘v’ por una ‘b’. Para los supersticiosos el mal fario de esta embarcación arranca desde su creación.

El Valbanera es un barco con casco de acero de 131,90 metros de eslora, velocidad de 12 nudos en crucero y capacidad para 1.200 pasajeros y tripulantes. Su principal encomienda es cubrir la ruta entre España y Cuba, haciendo escala en puertos como el de Barcelona, Málaga, Cádiz, Islas Canarias, Puerto Rico, Santiago de Cuba y La Habana. Su principal cometido es hacer negocio con la carga de mercancías y pasajeros. Estalla la I Guerra Mundial y las navieras españolas quieren sacar provecho económico. La neutralidad de España ofrece un escenario de tranquilidad para el transporte de materias primas y viajeros. La Naviera Pinillos se erige unos meses antes de su trágico accidente como protagonista de un turbulento viaje.

En el mes de julio embarcan 1.600 personas en el Valbanera, pese a tener una capacidad de 1.200. Varios centenares de inmigrantes tienen que alojarse en la cubierta y aguantar las inclemencias del clima tropical durante el recorrido, que durará 14 días. En el mismo, mueren 30 personas víctimas de la conocida como ‘gripe española’ y sus cadáveres son arrojados al mar. Los periódicos locales no tardan en hacerse eco de la situación y claman por el procesamiento del capitán y el médico del barco.

El último viaje del Valbanera arranca el 10 de de agosto de 1919 en el puerto de Barcelona. El buque estrena capitán, Ramón Martín Cordero, los tripulantes cargan mercancías mientras que los primeros pasajeros ocupan sus espacios. El barco suelta amarre y se dirige sin contratiempo a realizar las diferentes escalas en los puertos españoles, hasta que en su última parada en territorio patrio comienzan a surgir los infortunios.

El primero de ellos se produce en el puerto de Santa Cruz de La Palma en el momento de embarcar el pasaje. Una niña de cinco años llamada Ana Pérez Zumalave protagoniza una monumental pataleta al negarse a subir a bordo del Valbanera convencida de que “ese vapor se va a pique”, como asegura un vecino al diario La Provincia. El segundo se produce a la salida cuando una maniobra hace que el navío pierda una de sus anclas, suceso que es interpretado como un mal presagio para navegantes.

A todo lo anterior cabe destacar que, el capitán del buque, Ramón Martín Cordero, de 34 años y con 8 años de experiencia en la naviera, envía una carta desde el puerto de La Palma a su mujer Mercedes Polanco y Cano en la que confiesa que “de no perder la vida en este primer viaje, a la vuelta tendría el placer de que su hija le tirase de la americana”. Poco después, Mercedes Polanco declara a la prensa local que “mi marido tenía el presentimiento de una desgracia”.

El 21 de agosto de 1919 el Valbanera abandona el puerto de La Palma, atraviesa el Atlántico con 1.142 pasajeros y 88 tripulantes, y atraca el 5 de septiembre en Santiago de Cuba. La mayor parte del pasaje tiene billete hasta La Habana pero 742 viajeros deciden desembarcar en Santiago (entre ellos Ana Pérez Zumalave), lo que a la postre les salva la vida. El Valbanera zarpa unas horas después hacia la capital cargado con 488 personas a bordo, seguramente sin ser conscientes de que un huracán se estaba formando en las Antillas.

Las costas caribeñas reciben con violencia la fuerza de un huracán el día 9 de septiembre. Ya de noche, en el puerto de La Habana, los pasajeros del buque Montevideo atisban unas luces frente al Castillo del Morro y deducen que se trata del Valbanera, puesto que es el único navío esperado a esas horas. Los vigías del Morro descifran las señales del barco. El Valbanera solicita “práctico”, mientras, desde tierra se les indica que el estado del mar no permite la salida de nadie. El Valbanera contesta que intentará capear el temporal mar adentro. Fin de la comunicación y de las noticias del buque con el nombre de la patrona de La Rioja.

No hubo señal de socorro, ni supervivientes, ni testigos. La primera noticia del Valbanera surge el día 19 de septiembre cuando el US SC203, un caza submarinos de los EE. UU, se topa a unas doce millas de La Habana con un objeto que sobresale del agua. Un buzo se sumerge a doce metros de profundidad e identifica el barco, es el Valbanera, asimismo se sorprende con el escenario que se encuentra: las lanchas salvavidas estaban en su sitio y no hay ni un solo cadáver. ¿Qué había sucedido ahí? Posiblemente el barco embarrancó y poco después volcó, el resto pudo completarlo el fango del fondo.

Las leyendas de los lugareños describen historias sobre el cargamento de oro que transportaba el trasatlántico en sus bodegas y cómo los pescadores de esponjas griegos se hicieron con el botín. Además, cuentan que los restos del desdichado Valbanera se pueden ver cuando baja la marea. Lo único totalmente contrastable en esta historia son los hechos recogidos por las crónicas en los periódicos locales y la cifra de muertos. Esas 488 personas que configuran la mayor tragedia naviera de la historia de España en tiempo de paz.

Bibliografía consultada: Fernando García Echegoyen (1997), ‘El Misterio del Valbanera (Desaparición y naufragio)’. Agualarga Editores, S.L.

Autor: Héctor G. Somalo

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