La importancia de la educación artística para la formación de la cultura

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En un almuerzo reciente, una conocida me preguntó para qué sirve enseñar arte en los colegios. A pesar de lo chocante que esto puede sonar, su pregunta no me sorprendió. Siendo profesora he tenido que enfrentar muchas veces la típica pregunta: «¿De qué le sirve pintar a mi hijo que quiere ser abogado?». El mero hecho de que una pregunta tan En un almuerzo reciente, una conocida me preguntó para qué sirve enseñar arte en los colegios. A pesar de lo chocante que esto puede sonar, su pregunta no me sorprendió. Siendo profesora he tenido que enfrentar muchas veces ras artísticas han reducido sus horas obligatorias semanales, discutiéndose incluso su verdadera relevancia para mantenerse como ramo obligatorio.

Considerando este panorama, parece necesario recordar que la educación no sólo es una práctica de socialización -fundamental para que los estudiantes adquieran las normativas básicas para convivir en el mundo-, sino que es un medio de desarrollo de identidad cultural. Al formar a un individuo con conciencia de la cultura de su país, estamos creando a personas situadas, que conocen y respetan su origen e identidad y les interesa seguir construyéndola. La educación, entonces, debería centrarse en generar una socialización con sentido: socializar para adquirir valores que le permitan al estudiante involucrarse con el otro, valorar, respetar y ayudar a sus pares. Si por el contrario, no enseñamos la cultura junto con el contenido, el proceso educativo se vuelve en una instancia de mera instrucción, donde la experiencia escolar vale poco o nada.

Es ahí donde la educación artística tiene un papel preponderante, pues además de ser una disciplina expresiva, nos entrega herramientas para apreciar e interpretar reflexivamente nuestro entorno. Como señala Arthur Efland: «el objetivo de enseñar arte es contribuir a la comprensión del paisaje social y cultural en el que habita cada individuo.” (Efland 2004:229). A partir de esto podemos decir que la enseñanza de las Artes Visuales en la escuela es fundamental para la formación de individuos conscientes de su entorno socio-cultural, por lo tanto, es desde éste espacio donde se pueden generar cambios que contribuyan a desarrollar la identidad cultural de los estudiantes.

Una manera de comprender nuestro entorno es interpretando el lenguaje visual que nos transmite, es decir, aprendiendo a leer el mundo que nos rodea. Es por esto que es importante que la Educación Artística genere un aprendizaje que permita adquirir una cultura visual, que contribuya a una mejor aprehensión del mundo, generando así -en palabras de Imanol Aguirre- una alfabetización visual, «enseñar a percibir –leer- desentrañando a partir de los signos y su disposición en la imagen el mensaje visual” (Aguirre, 2005:330).

Alcanzar una cultura visual, es decir, una comprensión profunda de lo que somos y de lo que nos rodea, y así, establecer una relación más estrecha entre el yo y los otros, tiene implicancias que van mucho más allá del aula. La cultura visual desarrolla el fortalecimiento de la relación del yo con el otro, del dentro con el afuera; teniendo “como misión ampliar el espectro del ‘nosotros’” (Aguirre, 2005:336), pues “conocer y comprender el léxico del otro es la vía para ‘identificar-nos’ con el otro y ‘hacerlo de los nuestros’» (Aguirre, 2005: 336).

Entendiendo estas consecuencias de una compresión visual del mundo, que sitúa a los estudiantes más cerca de su entorno (espacial, social y personal) y los ayuda a aprehender mejor el mundo, nos lleva inevitablemente a considerar el aspecto de la cultura visual en relación al fortalecimiento de la formación ciudadana. Es claro que el hombre que conoce y comprende el mundo en el que vive, siente un mayor compromiso con él, y por ende, más deseos de participar como ciudadano activo en su comunidad. Esta última idea no es baladí, ya que se relaciona con la formación democrática de los alumnos, pues un rasgo esencial de la democracia moderna es la noción de ciudadano autónomo que participa en la creación del derecho; que es, por ende, un sujeto constitutivo de la comunidad política.

Para lograr que la educación artística contribuya realmente al desarrollo de la cultura visual y de la identidad cultural, es necesario generar una serie de cambios metodológicos y curriculares de los que se podría escribir otro artículo completo. Sin embargo, para que estos sean considerados a nivel de gestión educacional, es necesario que la valoración de la disciplina en todos los niveles (a nivel de aula, de institución educativa, y social) sea mucho mayor a la actual. No podemos cegarnos a la realidad de que todos los aspectos que se relacionan con la educación tienen que ver con la respuesta a la pregunta acerca de la persona que queremos formar. Y con “queremos” no me refiero a los profesores, sino a las personas que están a cargo del país, y que guían el camino de la sociedad.

Por esto, considero que la mera disposición a la reflexión acerca de cómo mejorar la educación artística –y, por supuesto, la educación en general-, es una acción a la que el docente debe darle cabida dentro de su apretada agenda diaria. Pues esos pequeños cambios que se pueden ejercer en el aula, en algún momento se pueden transformar en los grandes cambios que impliquen una nueva visión hacia la educación, las artes visuales, y la cultura.

Escritor:  Daniela Ramírez Pedreros

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