La libertad, la igualdad y la fraternidad en la Nueva Granada: de la literalidad a la aliteración, la sociedad de José Eugenio Díaz Castro

La Obra literaria de José Eugenio Díaz Castro se inicia de la siguiente manera: “En las caídas de la gran sabana de Bogotá se encuentran algunos caseríos con los nombres de ciudades, villas o distritos, de los cuales uno, que ha conservado entre sus habitantes el grato nombre de parroquia, es el teatro de esta narración” (Díaz Castro, 1972-1858). La vida de la recién formada nación de la Nueva Granada, transcurría entre parajes prácticamente incomunicados con los centros Urbanos . EL planteamiento de este Autor colombiano nacido a principios del siglo XIX, en Soacha, Cundinamarca, es que el proceso de legalización y legitimacion de la vida social se presento de manera disímil en los asentamiento alejados de la urbe.

La obra literaria de José Eugenio Díaz Castro presenta el panorama que se vivía en la Nueva Granada a mediados del siglo XIX. Es una caracterización de los diferentes elementos que constituyen a la nación en términos políticos y sociales. Siendo esta obra considerada como una de las primeras expresiones del género literario costumbrista, el retrato de la nueva nación tiene como punto de partida no el modo en que la nación es constituida ideológicamente sino el impacto de este en la vida de la sociedad.

Esta perspectiva ofrece un panorama de lectura diferente, que se corresponde con lo propuesto Michelle Foucault en su libro La arqueología del saber en el que se afirma que el modo de interpretación de los contextos sociales está sujeto a la relación que se establece entre en las construcciones mentales y los conceptos, no entre las definiciones y los conceptos; en este sentido Michelle Foucault se refiere a la Historia de las ideas, de la siguiente manera: “la historia de las ideas se dirige a todo ese insidioso pensamiento, a todo ese juego de representaciones que corren anónimamente entre los hombres; en -el intersticio de los grandes monumentos discursivos, deja ver el, suelo deleznable sobre el que reposan.

Es la disciplina de los lenguajes flotantes, de las obras informes, de los temas no ligados. Análisis de las opiniones más que del saber, de los errares más que de la verdad, no de las formas de pensamiento sino de los tipos de mentalidad”. (Foucault, 2013). La elección de una expresión literaria como soporte bibliográfico responde a la intensión de presentar la construcción política de la Nueva Granada como un ejercicio más que teórico, práctico.

La representación de la vida nacional por medio de la novela a mediados del siglo XIX, se convierte en un medio de inclusión política de la sociedad; es claro que la representación de una sociedad por me medio de la construcción literaria no es exactamente una expresión literal de la misma, pero en la línea planteada por Foucault, la ficción literaria es una manifestación de la construcción mental de una sociedad, puesto que es ante todo el recogimiento de los símbolos que hacen que una sociedad en particular exista. Raúl Ianes en su artículo Hermenéutica colonial e historicismo transatlántico en la ficción del XIX Hispanoamericano.

Expresa la función de la literatura en la sociedad de la siguiente manera, “Los estudios críticos que, en el marco de la crítica literaria contemporánea han examinado codificaciones de la alegoría operantes de la interrelación entre literatura, nacionalismo, historia y política cultural (Jameson, Anderson, Sommer, entre otros) han sabido brindar, en espacios tradicionalmente relegados de la literatura hispanoamericana del siglo XIX, un iluminador resultado y ampliado así el panorama desde donde acceder al replanteo de los cánones heredados, los catálogos eventualmente rescatados de las lecturas no leídas y la historiografía cultural” (Ianes, Otoño, 2006) La lectura de la obra de Díaz Castro a la luz del los planteamientos de Michelle Foucault se presenta como punto de partida para la reconstrucción del ejercicio de difusión de los elementos políticos de la nación neogranadina de mediados del XIX ,a partir de las vivencias de dicha sociedad; es decir es la interpretación de los conceptos a la luz del desarrollo social y no al contrario. En la obra literaria de Díaz Castro se expresa, como la construcción de un conjunto de símbolos que se abren paso para dar forma a la identidad de la nación neogranadina.

La formación de una identidad que pudiera recoger la diversidad social, racial y socio-económica de la Nueva Granada se ve entorpecida por los diferentes movimientos políticos que se gestaron desde el periodo de la independencia hasta más o menos la primera mitad el siglo XX. Además de la pluralidad en las construcciones político-ideológicas de los ideales que permitiesen la construcción de un corpus político que asegurase el ordenamiento geográfico, legislativo y administrativo del que consistiría una nación.

A pesar de que a mediados del siglo XIX la burocratización había adquirido una cierta fuerza sobre el gobierno de las diferentes zonas del país, no se podía realmente gobernar sobre un territorio tan vasto y desigualmente poblado. Sumado a las dificultades geográficas el ampliamente extendido analfabetismo de la población no permitió la expansión de un conjunto de ideas que rigieran el modo en que toda la sociedad vivía. Por ende los ideales que se proponían para la formación de una identidad nacional se mantuvieron circunscritos al poder que los señores dueños de tierra ejercieran sobre sus territorios.

Pese a la función pedagógica que pretendía cumplir la obra literaria, la lejanía de los asentamientos y la poca accesibilidad de estos a los medios de información que retrataban de la vida en la Nueva Granada, permitieron que la mayoría de los pobladores no conocieran los marcos ideológicos que daban forma tanto al estado como a la nación. Las urbes se constituyeron como los centro de gobierno, incluso, pese a que concentraban una pequeña porción de la población de la Nueva Granada, centralizaron la mayor cantidad de poder. El poder político y económico se concentro en los centros urbanos más grandes mientras que los asentamientos rurales permanecieron alejados de los cambios que allí se producían

La separación entre la vida urbana y la rural, se ve salvaguardada en la obra de Díaz Castro por la irrupción de Demóstenes Bermúdez en la parroquia, escenario que alberga la obra. La aparición en escena de Demóstenes irrumpe en la legalidad que se ha establecido en la parroquia, mediantes los señalamientos que este hace sobre la incompatibilidad de la vivencia que los habitantes de allí con el sistema legal que los miembros de los partidos políticos capitalinos promulgan como ideología en la Nueva Granada.

La llegada a la “Parroquia” de Demóstenes se sucede en una noche, tras un camino difícil se hospeda en la posada de Mal abrigo, una pequeña choza que albergaba una familia de estancieras, Rosa, quien a partir de este momento se convertirá en un personaje recurrente, que vive y trabaja en el trapiche El retiro. A la mañana siguiente continúa su camino hacia el lugar que le proveera de asilo durante toda su estacia por fuera de la capital, la posada que alberga a este joven político es propiedad de patrocinio, viuda de una revolución anterior y Manuela Valdivia, su hija. Esta última es la que acompaña a nuestro protagonista y le señala las incongruencias de sus ideas con la vida en la “parroquia”.

Es en la voz de Manuela Valdivia que se expresa la falta de correspondencia entre la vida intelectual de la Nueva Ganada y su cotidianidad. De la mano de Manuela Demóstenes se acerca a los diferentes personajes que conforman la vida de la “parroquia”. El cura, los propietarios de hacienda (trapiches), Eloy, Cosme, Blas y Matías, quienes monopolizan y mantiene el poder económico y por ende controlan, en última instancia la política de la población. También se encuentran los cazadores, que en su condición de arrendatarios cumplen diversas funciones al servicio de los hacendados, en cuyas tierras viven. Finalmente el personaje que se levanta como la representación de la idea de justicia y legalidad que circula en la población se encuentra el “gamonal” Tadeo Forero, quien mantiene a la población en estado de zozobra.

Es un típico tinterillo , que por ciertos manejos ha cobrado dominio sobre los jueces locales: falsifica documentos, acude a testigos falsos, calumnia e inicia procesos judiciales temerarios para hundir a las personas de bien que se interponen en su camino. Siguiendo órdenes secretas de la capital se apresta a manipular las próximas elecciones. Varias jóvenes han sido víctimas de sus abusos, principalmente Cecilia y Manuela, sobre esta última se ciernes su más nuevos acosos. La trama de la obra que mezcla el acoso con las intrigas políticas, producidas en la parroquia por Tadeo y la llegada de Demóstenes, hacen que Manuela se convierta en el eje de la misma alrededor de quien giran los demás personajes.

Las relaciones que se tejen entre los personajes dibujan la forma en que los habitantes de la Nueva Granada experimentaban la construcción ideológica de la reciente nación. Con la llegada de Demóstenes el caballero de Bogotá, a la parroquia, y su estancia en la casa de Manuela Valdivia, comienzan los ires y venires entre los discursos revolucionarios y la vida de la “parroquia”. El período que abarca esta obra literaria es aproximadamente, durante la rebelión del general José María Obando (1853-54) o inmediatamente posterior a esta. Está referencia a Obando nos sitúa a mediados del siglo XIX y pone de relieve un conflicto que suscitado en la Nueva Granada durante este período, mantiene una relación directa con las proclamas que se hicieron a principios del mismo siglo en nombre de la independencia.

La formación de grupos políticos y la pluralización de las ideologías que regían a estos ofrecen el escenario en que en la Nueva Granada se presentan las relaciones sociales. La publicación de esta obra es característica de la época, se hace por entregas en el periódico El Mosaico. Como es señalado por Díaz, la distribución tanto de los periódicos y documentos legales estaban sujetas a las discreciones de los jefes locales de gobierno. De alguna manera el desconocimiento de los habitantes de las parroquias de los acontecimientos que incuben a la vida nacional es plasmado por el autor de la siguiente manera: .

Pese a los múltiples medios informativos la presencia de estos por fuera de los centros urbanos es, sobre todo una rareza. Esto sin mencionar que, incluso si la fluidez de los medios de comunicación fuese efectiva el grueso de la población es analfabeta, de esta manera aunque la palabra escrita alcanzará a todos y cada uno de los habitantes de la nueva nación no tendría un resultado diferente. Una de las propuesta del absolutismo ilustrado borbónico, que pretendió conducirse por lo que se consideraba en la época un sociedad ilustrada, mantenía que la educación era el pilar en el que se apoyaban para la reedificación de una sociedad. En la Nueva Granada, que durante el siglo XIX mantuvo una pobre burocratización, estas afirmaciones señalaban el fallido intento de constitución de una sociedad ilustrada.

La población en su mayoría analfabeta no estaba sujeta al resguardo de los de derechos que le corresponderían en virtud de ciudadanos; pero como se señalo anteriormente después de la independencia de la Nueva Granada, la falta de elementos simbólicos que constituyeran la idea de nación evito la formación de una ciudadanía; es decir en la Nueva Granada no había ciudadanos. La construcción de una ciudadanía es la primera premisa de la constitución francesa de 1791, por ende si no existe un ciudadano no existe el objeto sobre el que se aplican las consignas de la revolución.

La obra literaria de Díaz es presentada por Sergio Escobar candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad de Michigan como la representación del impase fundacional de Colombia “Por coherentes que sus propuestas fueran, las alternativas que proponían las élites eran inapropiadas, argumenta Díaz en Manuela, para consolidar la unión del Estado y la nación. No sólo porque no eran consecuentes con sus idearios, sino también porque aquellos letrados dirigentes no tenían el capital, el ejército y las armas para implementar e imponer sus proyectos de estado nacional. Un impasse fundacional era lo que había, y Manuela es fiel al expresarlo de ese modo en su relato de un mundo novelesco sin salida. Por eso es la novela del impasse fundacional de Colombia, una nación a pesar de sí misma”. (Escobar, 2009), que por un lado presenta el partidismo político y la sujeción de una sociedad no a las proclamaciones ideológicas de dichos partidos sino a la fuerza que los individuos pueden ejercer sobre sus vidas.

Manuela quien vive alejada del centro urbano que decreta las leyes y su cumplimiento, es la encargada de trazar las relaciones que se gestan entre los diferentes sectores de la sociedad rural y la urbe. La cercanía de la escritura de “Manuela” con segundo momento del movimiento independentista (1819-1824) permite el reflejo de las consecuencias de la pugna entre realistas y patriotas en el resto del pueblo, mulatos, negros mestizos e indios; es decir, deja ver algunos de los medios utilizados por los ejércitos patriotas o por los reales para la consecución de la victoria; por ejemplo el servicio militar forzado, que es uno de los problemas que enfrenta la población menos favorecida, Dámaso Bernal, prometido de Manuela, huye hacia Ambalema bajo amenazas de cárcel, hechas por Tadeo, el Gamonal, “Por librarla de la persecución de un gamonal, que le había levantado una sumaria. Yo no me habría animado a traerla: pero usted sabe que no habiendo leyes ni administración de justicia, el más violento es el que manda, y ¡pobres de los hombres de bien! ¡Y pobres de las niñas honradas, y pobres de todos los pobres! ¡Y luego nos elogian los gamonales la libertad y la tolerancia!” (Díaz Castro, 1972-1858)

Las divisiones sociales que se presentaron en el periodo inmediatamente posterior a la independencia, guardan una cierta similitud con los modelos de separación social que ayudaron a conservar el orden dentro de esta durante el periodo colonial, que como es señalado en un capitulo anterior presenta una separación dual, sin sectores medios. Se presentaron en la Nueva Granada clases sociales marcadas: los hacendados, en su mayoría descendientes de españoles, que conservaron y monopolizaron el poder legado por sus antepasados. El modelo de la nueva sociedad no está diseñado para la recepción de los diferentes grupos sociales y étnicos que habitan la Nueva Granada, sino que desde la elite social se pretende que se mantenga una división social pautada por los privilegios .

La pluralidad que es el signo característico de América Latina, es evidenciada por el autor en la formación de los grupos políticos que se suscitaban en las “parroquias”. Por medio de la afirmación de una vida política plural, el autor no sólo evidencia la coexistencia de múltiples ideologías sino que expresa la pluralidad de vivencias que estas suscitaban en los habitantes de la Nueva Granada. La pluralidad de la vida política neogranadina se ve representada en la obra de Díaz Castro de la siguiente manera: “era el congreso verdaderamente notable, porque en el estaban representados no sólo los dos partidos de la parroquia, sino todos los matices políticos que existían en la Nueva Granada” (Díaz Castro, 1972-1858).

Esta distinción política genera la engañosa idea de una multiplicidad social, pero en el fondo esconde la estructura que define la recién levantada nación; esta estructura no es más que una continuación del modelo que había conducido a los criollos a revelarse contra el orden establecido en la colonia por imposición peninsular; es decir la monopolización del gobierno y el acceso a este por parte de un grupo social y la discriminación de un segundo.

Tras el segundo movimiento independentista, como se dijo anteriormente, tanto los patriotas como los realistas ensancharon las filas de sus ejecitos con los esclavos a quienes prometieron la libertad, después de que estos prestaran sus servicios a la patria, haciendo parte del cuerpo militar, ya fuese en favor de un bando o del otro, esto dependía única y exclusivamente de las inclinaciones políticas de su amo . La exclusión de ciertos sectores sociales no ceso al momento de firmar la autonomía, política, económica y militar de la Nueva Granada. Después que los nuevos territorios se constituyeran como elementos geopolíticos separados de su antigua sede de gobierno, las escisiones sociales no hicieron más que acentuarse. Los discursos que habían pretendido el apoyo del pueblo neogranadino en virtud de las necesidades independentistas no se mantienen como praxis. Díaz Castro lo señala de la siguiente manera: ¿Pero y aquello de la protección al proletario y del socorro a los pobres? 1858)

La sociedad neogranadina, no son, como los refiere José Luis Romero, “los negros mulatos e indios del montón” sino los criollos. La identificación de los próceres como parte de la nación no se hizo con la intención de reconocer a las clases sociales y etnias como sus iguales, sino con la finalidad de poner resistencia al reformismo borbónico que menguaba sus poderes, fiscales y comerciales sobre las propiedades que en la América les pertenecían. Las pretensiones independentistas no evocan los clamores de libertad para sus ciudadanos, la Nueva Granada aún no tiene ciudadanos, pretenden implantarla como eslogan para la formación de su nación.

Posterior al período de la independencia el camino a la nueva nación recién empieza a moldearse. Para este momento hay dos cosas claras. Primero que no hay ciudadanos, por lo tanto no hay derechos claros que especifiquen que constituye ser uno, y segundo que no hay sujeto que reclamen dicha condición. El matiz que adquiere la libertad en la Nueva Granada está vinculado a las relaciones del mestizo con la tierra y la propiedad privada, en esta dirección de ideas las similitudes con la constitución francesa de 1791 saltan a la vista, pero no se sostienen por mucho más tiempo. La relación entre la propiedad privada y la libertad en la Francia de finales del siglo XVIII, no es condicional siendo una nación que había establecido los límites territoriales y burocráticos tiempo atrás con el proceso de industrialización y expansión territorial iniciado desde el siglo XVII.

Las proclamas de libertad, igualdad y fraternidad se extendían a la identidad de ciudadanos, pero se mantenían los límites de participación política vinculando esta a la propiedad privada. Mientras que en la Nueva Granada, a principios y mediados del XIX aún existían hombres que tenían el estatuto de propiedad privada. Para principios del siglo XIX tras las guerras de independencia la libertad se convirtió tanto en elemento comercial como en una herramienta para mantener la guerra, durante la cual la libertad se entregaba a cambio de un periodo de militancia y para mediados del mismo siglo, los peones en la haciendas podían comparar su libertad. En la sociedad neogranadina es así como la libertad pasa a hacer parte de la construcción mental de la nación, como producto de intercambio comercial.

, los matices conceptuales cambian, la libertad como la entendió la revolución francesa, ante todo pretende igualar la condiciones de vida de los miembros de una nación; por el contrario en la nueva granada la libertad se presenta como un lujo, que obtienen los individuos por medio de intercambios económicos. Y que claramente no pertenece a toda la sociedad, Díaz Castro pone en la voz de Manuela, un fuerte crítica al modo en que lo criollo viven la separación en la teoría y la praxis de la vida política en la Nueva GranadQue usted echa a pasear la igualdad cuando se apodera de la hamaca en esta casa o en la de mi prima. ¿La igualdad? Sí, señor, la igualdad; porque todos los demás estamos fregados en los poyos o los escaños, mientras que usted se está meciendo en la visita, acostado muchas ocasiones, y ya usted ve que eso no se puede llamar igualdad. Y si entran las señoras a ese tiempo, yo no sé cómo se entienda usted con ellas. ¡Oh! pues entonces me levantaría.

Eso tampoco se conviene muy bien con la igualdad de que usted nos habla; pues querría decir que a nosotras se nos debe tratar poco más o menos, y usted nos ha dicho que todos somos iguales. ¡Ah!, pero era porque estábamos hablando de la igualdad de derechos, me parece. ¿Entonces no hay más igualdad que esa igualdad de derechos que usted dice?Pues sí hay: la igualdad social; pero tiene sus excepciones. ¿Igualdad y excepciones? ¡Está muy bueno! Es que una cosa es con guitarra… ”

Luego de comprar su libertad el hombre queda sometido al dueño de tierras puesto que es en sus tierras, que él vive y come, ahora el criollo no es dueño del cuerpo mestizo, pero sí de su mente. Como queda consignado en la obra de Díaz Castro “Aquí no hay más leyes que los mandatos del dueño de tierras; porque si él quiere, le manda a Dimas que venga y pique las ramas y las haga para un lado del camino, amenazándolo con echarlo de la tierra, si no lo hace, y por la picardía lo hace trabajar una semana, pagándole, se entiende, sus jornales. No hay cadena tan poderosa como la de la tierra… Me obedecen de rodillas el día que yo quiera. Porque figúrese usted que les arrendáramos aire, así como les arrendamos la tierra que les da el sustento; ¡con cuánto mayor respeto nos mirarían estos animales!” (Díaz Castro, Manuela, 1972-1858).

La clara distinción dual entre los calzados y los descalzos representa la situación vivida por la mayoría del pueblo granadino “pero lo cierto es que los calzados nos quieren tener por debajo a los descalzos siendo los descalzos los que componemos la mayor parte de la República” (Díaz Castro, Manuela, 1972-1858). Es en este sentido que el concepto de libertad cambia de matiz; como ya se dijo la igualdad y la libertad se presentan de manera conjunta, la primera es condición sine qua non de la segunda. El concepto de libertad está pensado para un conjunto de ciudadanos en los que se verán representadas dichas ideas pero dentro del territorio neogranadino la vida pública sigue reservada a las elites sociales. En la Nueva Granada no es posible pensar en igualar a los señores dueños de las tierra con sus campesinos. Por lo tanto es imposible pensar que la libertad otorgada a los negros en el segundo grito de independencia, es realmente libre puesto al quitarles los grilletes, les obligaron a depender del trabajo servil en sus tierras.

El autor refleja en su obra el lamento de una patria que no ha logrado compaginar su construcción ideológica con su vida social “¡Oh! ¡los señores feudales!, exclamó don Demóstenes, ¡y en el siglo XIX y bajo un gobierno más democrático que el de los Estados Unidos! ¡Me horrorizo, me espanto de ver que así se desprecie la Constitución” (Díaz Castro, 1972-1858) evidenciando de esta manera la disparidad entre la idea y la práctica que dan vida a la nación en la Nueva Granada.

Escritor: Susana Torres Suárez.

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