LA LITERATURA COMO RESPALDO PARA UNA CONSTRUCCIÓN

Los estudios literarios adquirieron otra dimensión de análisis como objeto de estudio cuando lo estético sobrepasaba la recursividad estilística para centrar su atención en las expresiones éticas que los autores construían en sus personajes. Gracias a la escuela sociológica rusa de comienzos del siglo XX con filólogos y filósofos como George Lukacs y Mijail Bajtín, la literatura se entiende como una esfera de las artes, que debe buscar la dignidad y la grandeza de la humanidad, donde cada voz, encarnada en un personaje o sujeto, es la manifestación de una visión de mundo y de una ideología.

Es así que la enseñanza de la literatura busca, no sólo la promoción de las capacidades lectoras e inferenciales de un estudiante, sino también propagar las virtudes y bondades de los actantes , es decir, que aquellos valores que se resaltan en arquetipos literarios como El Quijote, Ulises, Eugene Grandet, Charles Bovary, entre otros, sean alternativas axiológicas que se deban difundir en el accionar existencial de los educandos, y de cualquier persona, para que encuentren decisiones mucho más acertadas, y por sobretodo, honorables y dignas. En otras palabras, que un estudiante se torne más humanitario a través de los postulados éticos que los autores y sus personajes le han legado a la humanidad.

Cesare Segre menciona en forma casi axiomática que la “literatura es una forma de comunicación”, pero no desde el punto de vista netamente informativo, sino entendiendo la comunicación como acto que incide, transforma, plantea y replantea posibilidades epistémicas y cognoscitivas en y sobre un ser humano. Es así que la lectura de una obra literaria se torna en un acto discursivo donde el estudiante no sólo aprehende los giros accionales, tramas, sentidos globales de un texto y su estructuración gramatical y organizativa, sino confronta su ser constitutivo, que en palabras de Bajtín, se llama alma conclusiva frente a una posibilidad ficcional pero verosímil donde lo virtuoso puede aprenderse y adueñarse para hacer de la existencia un suceso colmado de dignidad. Frente a ese estudio axiológico es preciso decantar y seleccionar el corpus literario que potencie y motive la reflexión ética en los y las estudiantes.

Aunque toda obra literaria, desde su construcción estética, puede ser analizada, es preciso decantar el corpus literario de acuerdo a determinadas edades e intenciones pedagógicas. De esta manera los textos de menor extensión coadyuvan a motivar el deseo de leer y la fascinación frente a mundos posibles. Obras como Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, La Máquina del tiempo de Wells, Canción de navidad de Dickens entre otras, no sólo fortalecen el gusto lector sino que cuestionan los estilos de vida y pensamiento de los educandos, cuyas edades oscilan entre los 10 a 12 años. O por el contrario, obras de una mayor complejidad estilística y discursiva como el Quijote, las tragedias Griegas, Fausto de Goethe, Hamlet de Shakespeare, etc., potencian una dialéctica entre el discurso ideológico-moral del estudiante con las posibilidades axiológicas de los personajes arquetípicos de la historia de la literatura universal.

Además, aparece una tríada didáctica que reconfigura la apreciación del texto literario; dicha tríada es docente – texto literario – alumno , en donde este último capta el comportar axiológico de un actante en una novela o cuento, de acuerdo a las directrices que el primero (docente) brinda para confrontarlo con lo que piensa y siente. No obstante, las directrices que el docente ofrece tienen legitimidad y validez como sujeto discursivo ante los ‘oídos’ de los estudiantes, no como imagen de autoridad y castigo, sino como ‘un alguien’ que posee un discurso ilustrado que el estudiante siente que debe alcanzar; y de esta manera es el conocimiento el que rige los principios de autoridad para que las acciones pedagógicas se tornen en actos de habla, que transforman e inciden en las visiones de mundo de los interlocutores. En palabras de Delia Lerner (1996, pág. 101), “el maestro es un informante fundamental porque la información que brinda es considerada por los alumnos como veraz y segura”.

Con los estudios de Ballester e Ibarra (2009) se abre explícitamente el interrogante de la responsabilidad ética y social de la literatura, teniendo en cuenta que ésta es un artefacto cultural que nace, propende, ataca o perpetúa ciertas ideologías. Los críticos del texto literario, desde Bajtín hasta Ricoeur, han defendido la tesis sobre la cual, el escritor y sus obras dilucidan unas posturas políticas que acrecientan las dinámicas sociales. Sin embargo, una propuesta que parece obvia, se ha desconocido en el aula educativa.

Los investigadores exponen que las reestructuraciones de los planes de estudio no han logrado conectar la esfera literaria con las complejidades sociales actuales en forma concreta y que conlleve a resultados prácticos. Es bien sabido que la literatura es una forma de conocimiento puesto que conduce normas, valores y tradiciones; en ella se deposita una serie de visiones de mundo que en muchos casos actúan como visionarias de ciertas utopías que deben ser estimadas. No obstante, el problema radica en hallar el sentido pedagógico que dirima estas cuestiones a favor de una comunidad plural, democrática y abanderada de los principios ciudadanos y que fortalezca proyectos de vida dignificantes en la existencia de las nuevas generaciones.

De esta manera una nueva pedagogía de la enseñanza de la literatura espejiza expresiones de la identidad individual y colectiva nacional, que permiten una evaluación contundente de los procesos políticos, sociales e históricos del territorio local o nacional estableciendo, en una forma de historiar el presente, con la idea de saber quiénes somos, cómo hemos llegado a ser y lo que ha hecho posible que seamos lo que somos. Es así que la literatura y su enseñanza se torna en un constructo ético-cultural que viabiliza procesos críticos y hermenéuticos en educandos, para que estos sean capaces de formular juicios sustentados sobre las dinámicas sociales y políticas que circundan en el país con miras a una actitud propositiva sobre sí mismos y su entorno.

BIBLIOGRAFÍA

Bajtín, Mijail. (2005) Estética de la creación Verbal. Siglo Veintiuno Editores. Duodécima Edición en español. Ciudad de México.

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BALLESTER J. e IBARRA M. (2009). La enseñanza de la literatura y el pluralismo metodológico. Revista OCNOS nº 5, pp. 25-36

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BUSTAMANTE, G. (2003), El concepto competencia III. Un caso de contextualización, Bogotá, Sociedad Colombiana de Pedagogía.

CALDERÓN, Dora Inés, (2004). Género Discursivo, Discursividad y Argumentación: Lenguaje y Escuela: Proyecciones Contemporáneas. Universidad Distrital. Bogotá

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—————(1995). Semiosis y pensamiento humano. Registros semióticos y aprendizajes intelectuales. (Primera edición ed.). (M. Vega, Trad.) Peter Lang S.A

Lerner, D., “La enseñanza y el aprendizaje escolar. Alegato contra una falsa oposición”. En: Castorina, J.; Ferreiro, E.; Lerner, D. y Kohl de Oliverira, M., Piaget-Vigostky, contribuciones para replantear el debate. Buenos Aires, Paidós, 1996.

LUKACS, George. (2010). Teoría de la Novela: Un Ensayo Histórico-filosófico sobre las formas de la gran literatura épica. Ediciones Godot. Argentina

MEN (1988). Lengua Castellana. Lineamientos Curriculares. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

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SEGRE, Cesare. (1985) Principios de Análisis del Texto Literario. Editorial Crítica Grupo Editorial Grijalbo. Barcelona, España.

Escritor: EDWIN FERNANDO CARRIÓN CARRIÓN

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