La noche de Antonio Machado

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En general, la noche, especialmente, la noche tranquila, siempre da a la gente una impresión sw misterio. Parece que en cuanto se oscurece el cielo, el mundo reposa y se somete poco a poco a su poder mágico. En algunos poemas de Antonio Machado, nos captura fielmente el momento fascinante del cambio de color de las luces y las sombras a medida del paso gradual y tierno de la noche que comienza:

 

El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo, ¡tan curiosas!… Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

( Poema XCVIII, Poesías completas, p.139 )

 

Era una tarde, cuando el campo huía

del sol, y en el asombro del planeta,

como un globo morado aparecía

la hermosa luna, amada del poeta.

  En el cárdeno cielo vïoleta

alguna clara estrella fulguraba.

 

El aire ensombrecido

oreaba mis sienes y acercaba

el murmullo del agua hasta mi oído.

( Poema CII, Poesías completas, p.143 )

 

Sin embargo, desde que Leonor exhaló el ultimo suspiro en los brazos de Antonio Machado el primer día de agosto, la noche ya no fue romántica ni alegre en sus poemas. “ El carácterr imposible de la intuición erótica y nocturna está precisamente sugerido en los versos machadianos, que lo que la noche le abre a la persona de los mismos no es sino el retablo de mis sueños siempre desierto y desolado, y solo.”  En vez de ser la noche fresca que pertenecía solamente a los dos, de repente, la muerte se introdujo en la casa y le arrancó lo que él más quería:

 

Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. "¿Qué has hecho?"
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila 
dolido mi corazón,
 
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

( Poema CXXIII, Poesías completas, p.197 )

 

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.

( Poema CXI, Poesías completas, p.153 )

La separación de la amada por su muerte se le hace insoportable. En un poema escrito en la víspera del décimo aniversario de la muerte de su esposa, Su Shih expresó la misma angustia profunda que escondía dolorosamente en su interior.”…Soñé que yo regresaba a mi tierra natal, allí te vi hacerte el tocado al lado de la ventanita como antes. En silencio, nos vimos sin decir nada, pero las lágrimas, derramadas como perlas fulgurantes, cayeron a lo largo de la mejilla. Solo, tu túmulo queda allí solo en el cerro donde pobla el pinar. Me dolía el corazón, aquella noche de clara luna.  ( Su Shih 蘇軾, Chiang ch’eng tzy. 江城子 …夜來幽夢忽還鄉,小軒窗,正梳妝。相顧無言,惟有淚千行。料得年年腸斷處,明月夜,短松岡。) Ay, ¡ quién sabe lo que se traga la tierra !

Autor:  Wang Jung

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