LA PARABOLA DEL AUSENTE

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Y así, fue puesto en cada corazón de los hombres como algo más que una inscripción. Sin embargo, como una manada de aves sorprendidas, sobre éste, se abaten todas sus sospechas entre lo que fue y será; entre lo que no se puede ser y vivir imaginando en ser lo que no será; entre entender en que envejecer significa que la vida empieza a olvidar y la muerte a recordar. Pero ¡el hombre no entiende! Acaso ¿valdría la pena que lo entendiese? ¿Sería justo que reclamase explicación a su propio dolor? Sí. ¡Pero el hombre no entiende! Insiste en dejar abiertas las puertas de cada herida, para aumentar los huéspedes del dolor ¡Vaya destino del hombre! ¡Corruptible ante el deseo utópico de eternizar la nada! ¡Ciego ante su propia luz! Aunque la luz este encendida ya, hacía tiempo atrás; desde que el paisaje colorido de las especies ínfimas de la naturaleza agradecen sin sospechas su infinito amor.

Cada amanecer, es un acontecer; pero amanece en silencio sin que el corazón de un mortal pueda notarlo. Dormido en el día y acechado en la noche; en el placer superfluo de sus aparentes convicciones. Y ¿Quién soy para hablar del corazón de un hombre? Nadie. Tan solo alguien con ideas rojas, verdes y doradas cobijadas bajo un manto con forma de carne y hueso ¡Después de todo, saber cómo me llamo no tendría ninguna importancia! Pues no es secreto decir, que a la gente se la ha acostumbrado a recordar los grandes acontecimientos de la historia ¡Incluso su propia historia por encima de otras historias! Y en ese caso, mi nombre se suma a la gran lista de palabras irrelevantes. No obstante, dar el beneficio de la dudad a quienes pretenden homenajear su inteligencia; no es más que el triunfo cotidiano del basurero colectivo de la memoria.

¡Ay! ¡Qué dolor siento! ¡Y no es por mí! ¡Es por ti, querido amigo que aún no despiertas! ¡Sigues sustentando que entre la vida y la muerte existe una línea profunda! ¡Ay! ¡Si al menos recapacitar es de humanos; entenderías que es tan solo una frontera imaginaria, que al pisarla hace ver espejismos olvidando el hoy por mañana!.

Pasado, presente y futuro. Ayer, hoy y mañana. Se parecen ¿cierto? o ¿sientes engaño? ¡Artimaña de los sentidos! ¡Opacaste la luz! Por si no lo sabes el mundo está al revés; su posición original es inversa a como se ven las cosas ¡Ni que decir del sentimiento que sobre éstas se da! Cada quien es libre, siempre que se quiera serlo. Pasado, presente y futuro son distantes de la percepción inmediata; son una eternidad. Tiempos en los que el hombre prefiere sentirse ajeno. Ayer, hoy y mañana; están aquí, ahora y en el ahora de lo inmediato. Después de todo, no es lo mismo morir en el pasado que morir ayer; ni vivir hoy para pensar en mañana.

¿Qué si yo lo he notado? ¡Claro que sí! ¡Hoy he muerto dos veces, y con eso mate también mis deseos nefastos de alcanzar lo imposible de mañana! Soy el que soy, y no he pensado aún en lo que seré ni en lo que dejaré de ser. El hombre llegó al mundo dotado de intelecto, aunque por una razón extraordinaria, la naturaleza lo incapacito. ¿Discapacitado? Sí. ¡Discapacitados todos aquellos que engendran poder! ¡Discapacitados los que reclaman su presencia sin pesar por su ausencia! ¡Todos, todos aquellos que creen estar bien, sin darse cuenta que su creer los hace errar! En lo que a mi concierne el asunto, diré que prefiero neutralizar mis humores en los momentos de crisis. Cuando mi luz se opaca, es necesario cambiar. ¿Si la naturaleza cambia, porque el hombre no ha de cambiar? El cambio consiste, muchas veces en no hacer nada ¡Bienaventurados los que se reconocen con la mirada y los que no insisten en actuar siempre correctamente! Pues, son éstos los que mantienen su corazón siempre alerta, y han aprendido a conocerse a sí mismos.

La tinta se ha secado. El destino juega en su camino, y pretender un retorno hacia la naturaleza, es escuchar las voces demoniacas que musitan oídos. No intento parecer! Soy. Y hoy me he dado cuenta, que fue necesario apagar la luz, para entender la energía espiritual del camino.

Escritor: JALAL OTHMAN NASIF ARCINIEGAS

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