La primavera de Antonio Machado

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Sin ninguna duda, tanto en las obras poéticas de los poetas chinos como en las de los poetas extrajeros, la primavera es siempre un tema favorito y colorido. Para los poetas, la primavera no es sólo una estación renovadora, sino una resurrección interior de la sensibilidad literaria. “ Tienen las flores a la orilla del río, un color más escarlata que el fuego, en cuanto el sol asoma en la mañana. Y cuando llega la primavera, el agua verdina del río se pone a reflejar, un color de añil claro bajo la luz solar radiante.” (日出江花紅勝火,春來江水綠如藍) Pai Chü-i(白居易), uno de los poetas representativos de la dinastía T’ang, cantó una vez el hermoso panorama primaveral con varios brillantes adjetivos. Seng chih-nan(僧志南), famoso poeta monje de la dinastía Sung del Sur, nos dejó estas frases bonitas que describió el clima fresco de la primavera: “ Cuando florecen los albaricoqueros, la llovizna me quiere mojar el vestido; y en febrero, el aura del sauzal me airea el rostro.” ( 沾衣欲濕杏花雨,吹面不寒楊柳風 )

Frente al paisaje adusto de Soria, Antonio Machado entonó, desde el fondo del corazón, un homenaje conmovedor al campo y hacia la tierra:

¡Primavera soriana, primavera

humilde, como el sueño de un bendito,

de un pobre caminante que durmiera

de cansancio en páramo infinito!

¡Campillo amarillento,

como tosco sayal de campesina,

pradera de velludo polvoriento

donde pace la escuálida merina!

¡Aquellos diminutos pegujales

de tierra dura y fría,

donde apuntan centenos y trigales

que el pan, moreno nos darán un día!

( Poemas CII, Poesías completas, p.142 )

 

…Y pienso: Primavera, como un escalofrío

irá a cruzar el alto solar del romancero,

ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,

 

y la roqueda parda más de un zarzal en flor;

ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,

hacia los altos prados conducirá el pastor.

( Poema CXVI, Poesías completas, p.193 )

 

 

Al borrarse la nieve, se alejaron

los montes de la sierra.

la vega ha verdecido

al sol de abril, la vega tiene la verde llama,

la vida, que no pesa; y piensa el alma en una mariposa,

atlas del mundo, y sueña.
Con el ciruelo en flor y el campo verde,

con el glauco vapor de la ribera,

en torno de las ramas,

con las primeras zarzas que blanquean,

con este dulce soplo que triunfa

de la muerte y de la piedra,

esta amargura que me ahoga fluye

en esperanza de Ella…

( Poema CXXIV, Poesías completas, p.197 )

 

En el siguiente pequeño poema, Antonio Machado nos describe la renovación primaveral del campo:

 

Ya están las zarzas floridas

y los ciruelos blanquean;

y a las abejas doradas

liban para sus colmenas,

y en los nidos, que coronan

las torres de las iglesias,

asoman los garabatos

ganchudos de las cigüeñas.

Ya los olmos del camino

y los chopos de las riberas

de los arroyos, que buscan

al padre Duero, verdean…

( Poema CXIV, Poesías completas, p.176 )

La primavera, como los árboles, tiene un vínculo inseparable con Leonor. Desde que ella murió de tuberculosis en 1912, en la vida de Antonio Machado se instaló una angustia interminable. A partir de ahí se pregunta sobre el sentido de la vida humana; cuestiona la exigua posición de los hombres en comparación con el universo. En una carta escrita a Juan Ramón Jiménez, hasta habla de pegarse un tiro para acabar todo. Sin embargo, en un rincón más profundo del corazón, todavía abrigaba una brizna de esperanza sobre el renacimiento de una fuerza poderosa que le ayudará a sobrepasar el abismo de la muerte. En el poema dirigido a su buen amigo José María Palacio, el poeta viudo muestra nueva determinación de futuro.

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,                           
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!…

¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.                  

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas
entre las grises peñas,
y blancas margaritas                                              
entre la fina hierba?

Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,                 
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos                  
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,            
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra…

( Poema CXXVI, Poesías completas, p.199 )

En comparación con el “ otro viaje”, el poema CXXVII, no encontramos tanta melancholia que apareció en el citado poema epistolar. En vez de seguir con un corazón solo y seco, parece que el alma del poeta ya se había liberado del obstáculo espiritual. Pidiendo, buscando, a lo largo del ciclo riguroso de la vida,  una primavera milagrosa que perteneció a su propio alma. Y Espino, y no era mas que un cementerio desolado en donde enterraron el cuerpo de Leonor, sino un sitio sagrado, preparado para reunir a los dos en la vida futura. Aunque el cuerpo desapareció a medida que el transcurso de los años, el espíritu aún permanecía para siempre con tal de que tuviera amor verdadero. La llegada de la primavera acompañó a nuestro poeta como estrella polar en la noche para conducirle a un oasis de eternidad.

Autor: Wang Jung

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