La teoría triárquica de la inteligencia.

Dentro de esta línea se inscribe la investigación de Sternberg (1985) sobre la inteligencia y su teoría triàrquica, basada en la idea de que la inteligencia debe ser considerada en relación con entornos del mundo real, relevantes para la vida cotidiana, y en términos de su aplicación a la adaptación, modificación y selección de estos entornos en forma organizada y planificada por el sujeto.

Con ello pretende delimitar los elementos o mecanismos de la inteligencia humana y explicar cómo funciona y como se aplican a la solución de problemas, a las relaciones que el individuo mantiene con su mundo interno y externo, y cómo se manifiestan estas relaciones en el contexto o experiencia. Para hacerlo, parte de tres puntos básicos: Una descripción de los componentes presentes en el procesamiento de la información. Frente al factor, utilizado como unidad de análisis los factorialistas, Sternberg propone el componente, definido como los procesos elementales de la información que operan sobre representaciones internas de objetivos y símbolos. Pueden considerarse como habilidades latentes que se reflejan en diferencias individuales, tanto en la medida de la inteligencia como en el éxito de las personas en el mundo real.  Las relaciones entre componentes. La teoría del desarrollo intelectual, ya que todos los componentes pueden estar disponibles o se hacen accesibles con el aumento de la edad.

La teoría triárquica parte de la premisa de que el locus de la inteligencia debe buscarse simultáneamente en el individuo, en el comportamiento y en los contextos del comportamiento, y no en alguno de ellos por separado. Desde estas premisas, la inteligencia estructura entre partes relacionadas o subteorías denominadas componencial (inteligencia académica), experiencial (inteligencia creativa) y contextual (inteligencia práctica).

Autor: Manuel Fernandez

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