LEYENDO LA NATURALEZA

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En la lucha por la supervivencia, el proceso de obtención de los alimentos fue tarea primordial para el ser humano, quien fue nómada en sus inicios, empezó por ser recolector, luego cazador y recolector y posteriormente encontró que podía plantar y cosechar árboles y otros vegetales y obtuvo así con la agricultura una fuente de sustento por excelencia, constituyéndose esta conducta muy probablemente en el inicio de su proceso de sedentarización, ya que solo debería desplazarse para buscar y cazar animales.  Puede decirse que de alguna manera este descubrimiento fue promotor del nacimiento de asentamientos humanos y todos los procesos que de allí se han derivado a lo largo de la historia.

Con el transcurrir del tiempo apareció una gran dificultad, un gran reto a resolver, en el propósito de aseguramiento del suministro continuo de alimentos para el humano, que involucraba no solo su propia necesidad sino la de, por lógica, su familia y se hacía extensiva a su grupo comunitario que en muchos casos alcanzaba la estructura suficiente para ser llamado ciudad o al menos aldea. Y…..  cuál fue el problema?  Las cosechas no siempre eran de igual calidad ni cantidad y peor aún, cada vez con tendencia a la baja.  La tierra se empobrecía y era imprescindible suministrarle algún tipo de “reconstituyente”, puesto que ya no era viable o resultaba demasiado costoso el traslado a otra región a explotar una nueva tierra.

Pero la naturaleza nos habla y pudo entonces el hombre notar que los residuos vegetales experimentaban un proceso de degradación, hasta convertirse nuevamente en “tierra “, proceso hoy conocido como humificación, que si bien aportaba nutrientes al suelo, resultaba lento tal vez por la espontaneidad del mismo.Paralelamente, alguna población, por alguna razón que en buena parte se debió a un accidente natural, tuvo la oportunidad de sembrar en un terreno que había sido modificado por el fuego y obtuvo como resultado frutos saludables, jugosos y muy carnosos.  Dedujo entonces que el fuego podría ser su gran aliado para nutrir el suelo, además de ayudarle a eliminar residuos y vegetación para sus propósitos indeseable.  Y muy probablemente le dio buenos resultados inicialmente, hasta que llegó el momento en que advirtió desestabilización de los terrenos cultivados y entonces ya no solo no tenía un suelo adecuado sino que en muchos casos  ¡Ya no tenía suelo!.

En la actualidad se ha podido revisar detenidamente y en detalle la acostumbrada práctica de las quemas para limpiar terrenos de maleza y residuos de anteriores cosechas, resultando válido decir que como metodología para acelerar el proceso de conversión de materia orgánica en nutrientes para las plantas, conocido como mineralización, el fuego es muy eficaz pero ¡Cuidado! En la naturaleza nada ocurre en forma aislada y es así como el fuego si bien convierte el nitrógeno en nitratos y el fósforo en fosfatos, entre otros resultados, acaba también con toda la microflora y microfauna existentes en el suelo, así como con colonias de insectos que hacen gran parte de la tarea de transformación de vegetales en minerales y como si fuera poco destruye toda la resistencia a la erosión y deslizamiento de terrenos ofrecida por la red de raíces, que no solo absorben agua sino que dan soporte y retienen la capa vegetal del terreno en su puesto.

Estudios han conllevado a reconocer que las malezas, si bien han sido miradas siempre como un problema, no son del todo dañinas y pueden ofrecer ventajas si se les controla adecuadamente con otro tipo de práctica, ya que no solo pueden ser agentes de estabilización de la capa superior de los terrenos sino que muchas de estas especies vegetales menores, hierbas y similares, sirven como barrera y medio de control de insectos, gracias a su producción de resinas y otras sustancias que químicas que resultan desde inapropiadas hasta desagradables y nocivas para varios grupos de vectores de enfermedades y plagas, proporcionando así una herramienta útil para el uso directo del agricultor en la prevención de enfermedades en sus cultivos y un buen material de investigación para laboratorios y compañías de producción de insumos agrícolas interesadas en el desarrollo de líneas de productos amigables con el medioambiente, convirtiéndose en gestores del desarrollo sostenible y armónico entre las actividades humanas y los procesos naturales.

Como en este caso, en muchos otros se ha venido trabajando en aprender de la naturaleza e imitarla para obtener resultados favorables en tiempos reducidos.  En cuanto al uso de residuos como materia prima para obtención de nutrientes para el suelo se han implementado en granjas y fincas, centros de acopio de material vegetal para que proporcionando condiciones óptimas de desarrollo, bien sea a microorganismos u otros descomponedores como lombrices y hongos, se logre la obtención de fertilizantes naturales  perfectamente compatibles con el entorno y además de la ganancia que significa un suelo fértil se obtengan utilidades a partir de una buena fuente de proteína que puede ser utilizada como materia prima de alimentos concentrados para animales y como materia prima de alimento para humanos, pues hongos y lombrices son conocidos por su capacidad y eficiencia en la síntesis de proteínas.

Por lo expuesto, queda abierta la invitación:  debemos entender la naturaleza y aprovechar su oferta para el desarrollo de metodologías limpias y eficientes, lo cual debe involucrarnos en la observación crítica, analítica e interpretativa de nuestro entorno facilitando de esta manera la convivencia del ser humano con especies animales y vegetales, agua, aire y suelo.

Autor: Luis López Acevedo

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