NO QUIERO MAS PLANAS, QUIERO ESCRIBIR ALGO DISTINTO

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Me parece un poco gracioso, y hasta ridículo, cuando me encuentro con padres de familia o peor, docentes, que en pleno siglo XXI se limiten a comparar el proceso lecto-escritor de sus hijos o estudiantes en estupideces como” cuantas hojas del cuaderno ha llenado” o… “se va a terminar el año y este niño no sabe aún todas las combinaciones y lee a “trancazos”.

Teniendo en cuenta que cada estudiante marca su propio ritmo de aprendizaje y que nuestra función como docentes es generar en el niño esa curiosidad por aprender, por querer explorar, porque vea la lectura y la escritura como un juego del que todos podemos disfrutar; aunque suenen muy “bonitas” estas palabras tomándolo como “decirlo es muy fácil , pero llevar a cabo es otra realidad”; antes que nada debemos darnos cuenta que por mucho tiempo fue el profesor bravo que se paraba frente al tablero y castigaba con planas, quien fue el responsable de crear cierto temor en el estudiante a la hora de leer o escribir. No quiero decir con ello, que el modelo tradicional sea una equivocación, por el contrario al él debemos un gran avance en la lectoescritura, pero a lo que me refiero, es que hoy en día no es éste modelo la única alternativa que nos brinda las herramientas necesarias para tal propósito.

Si nos regimos por los estándares por competencias del Ministerio de Educación; allí nos menciona que lo que anteriormente conocíamos como grado primero, grado segundo y grado tercero, son ahora el primer nivel, y que ese primer nivel entre otras cosas tiene como responsabilidad principal desarrollar el proceso lecto-escritor del niño, y aunque suene redundante ese primer nivel consta de tres años , es decir, tres años para tal propósito; esto aplasta por completo las expresiones enunciadas al inicio de este texto, y aunque sea un reto difícil y un cambio total en la “rutina educativa” que se acostumbraba a llevar durante muchos años, es una evolución enorme que enaltece nuestra educación, y aun mas importante, que brinda miles de estrategias y herramientas para poco a poco acompañar el proceso educativo de nuestros niños y sobre todo, hacer que el leer y escribir deje de ser una obligación, un aburrimiento o incluso hasta un castigo, para que se convierta en una aventura en la que nuestro amigos “estudiantes” sean los protagonistas .

Aunque deberíamos rendirle tributo a esa amiga que ha hecho parte de nuestra vida escolar “ la cartilla nacho” por su invaluable acompañamiento y aporte significativo en el aula de clase , debemos hablar con ella y, decirle que no va a dejar de ser nuestra amiga, pero que no es la única y que también tenemos mas amigos y amigas con las que podemos contar; comparemos nuestro proceso de enseñanza con un equipo de futbol, en el cual seleccionamos varios jugadores, en este caso métodos en los cuales depositaremos toda nuestra confianza y trabajaremos buscando las estrategias necesarias para alcanzar ese gol “proceso lecto-escritor” que convierta a nuestros estudiantes en fervientes aficionados a tal espectáculo.

Leer y escribir son dos palabras cuyo significado va mucho más allá de lo que un diccionario o Wikipedia nos puede brindar, son dos palabras que reúnen quizás el momento más maravilloso de nuestras vidas, ya que a mi parecer las letras son el principal armamento para defenderlo que nos hace diferentes a los demás, y que quizás con nuestra voz no podemos: nuestra manera de pensar, y más aun en un mundo invadido por la violencia y en el que se derrama sangre porque el ser humano , libre de actuar y sobre todo pensar como desee, no piense o actúe como otros que inundados por el mal y las ansias de poder corrupto quieren que pensemos, al fin y al cabo son personas que aunque me de rabia decirlo, consiguen lo que quieren sin importar el precio, pisoteando nuestra dignidad y jugando con nuestras conciencias, pero está en nosotros decidir si queremos ser marionetas que dejen a merced de su manipulador el rumbo de su destino, o si seremos seres autónomos que valoremos y sobre todo hagamos respetar todo lo que Dios nos dio actuando coherentemente con un pensamiento orientado por el respeto hacia los demás y una igualdad social.

Escritor: Cristian Bernardo Parrado Rincón

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