Nuevas tecnologías y periodismo

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La revolución que suponen las TICs, como es natural a todo proceso histórico de este tipo, conlleva una infinidad de cambios. Entre estos, uno de los de mayor envergadura tiene que ver con la puesta en crisis de buena parte de las instituciones preexistentes a su llegada. En este sentido, quizás una de las instituciones que más ha debido adaptarse a los tiempos que corren haya sido la periodística. En este breve ensayo, trataremos de abordar esa relación en constante tensión entre TICs y periodismo.

Nuestra perspectiva de análisis se nutre de la ya clásica proposición acerca de la realidad social planteada por Eliseo Verón en Construir el acontecimiento (1987): “La actualidad como realidad social en devenir existe en y por los medios informativos. Esto quiere decir que los hechos que componen esta realidad no existen en tanto tales (en tanto hechos sociales) antes de que los medios los construyan”. Siguiendo esta línea teórica, entendemos que el periodismo construye la realidad pública mediante las noticias. Así, una noticia debe comprenderse como «una representación social de la realidad cotidiana producida institucionalmente que se manifiesta en la construcción de un mundo posible» (Rodrigo Alsina, 1996).

Ahora bien, ¿qué significa que la noticia es “producida institucionalmente”? De acuerdo a la Teoría de la Construcción Social de la Realidad una institución es una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por diferentes tipos de actores (Berger y Luckman, 1966). Por tanto, cuando hablamos de producción institucional de noticias nos referimos a una actividad reconocida y legitimada por los diversos actores sociales. Es decir, a una forma de hacer las cosas que en un primer momento fue una acción aislada, luego un hábito, y en una instancia ulterior se institucionalizó al ser aceptada en su especificidad por la sociedad en general.

De esta línea de pensamiento se desprende entonces que toda institución es una construcción humana a la vez histórica y actual, y un fenómeno real de características específicas. En lo que respecta al periodismo, como bien señala Abril Vargas : “los productos periodísticos que hoy se engloban y reconocemos con el nombre de prensa, bien sea diaria o con otra periodicidad, así como los géneros y estilos utilizados en los textos escritos actuales, no son otra cosa que el resultado de un proceso histórico.” Por tanto, es esencial conocer el curso histórico de ese desarrollo para reconocer qué engloba la institución periodismo.

Para ese fin, seguiremos a Jürgen Habermas (1962), quien diferencian tres etapas en ese desarrollo: 1) la prensa burguesa, desde mediados del siglo XVII hasta finales del XVIII, periodo en que el tráfico de noticias se desarrolla en paralelo con las necesidades del tráfico mercantil y las noticias mismas surgen como mercancía; 2) la prensa de opinión, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, periodo en que se profundiza la intervención del periodismo en política y se populariza la figura del político periodista; y 3) la prensa negocio, a partir de mediados del siglo XIX, que se caracteriza por la introducción de la publicidad y la conversión del periódico en «empresa lucrativa privada».

De todo esto se deriva que al momento de la llegada de las TICs y su cuestionamiento no sistemático ni teórico, sino de hecho, la institución periodística grosso modo se estructuraba de acuerdo a una función central: la construcción de la realidad pública a través de las noticias; y tres actores fundamentales: los periodistas, las empresas periodísticas y el público. ¿Qué pasa entonces cuando a fines del siglo XX blogueros de todo el mundo, sin formación específica ni respaldo empresarial, se abocan a ser parte de la construcción de la realidad pública, de acuerdo a sus propios criterios? ¿qué ocurre cuando, ya bien entrados en este siglo XXI, las redes sociales se vuelven un hervidero de informaciones en distintos formatos producida por gente común? Esta es la crisis a que hacíamos referencia en nuestra introducción y que aún hoy persiste, aunque ya se pueda determinar cuáles fueron los mecanismos de defensa de la institución periodística, y a la vez esbozar un posible desarrollo futuro.

En un primer momento, el periodismo trató de sortear esta problemática con distintas estrategias. Entre estas, la más extendida y que al parecer dio más réditos, fue una política no de oposición sino de incorporación de las TICs y sus diferentes cambios en sus propios formatos. Por ejemplo, actualmente no es extraño encontrar en el portal digital de cualquier empresa periodística un apartado de blogs a cargo tanto de los profesionales del medio como de gente común ni es sorprendente ver en un noticiero televisivo una sección referida a comentarios de twits.

De esta forma, el periodismo logró conservar la estructura institucional descripta anteriormente, aunque no sin modificaciones. Ciertamente, la noción institucional acerca de qué se puede considerar y qué no periodismo cada vez se torna menos rígida. Entre sus nuevas incorporaciones, se puede mencionar la posibilidad de un feedback inmediato respecto de lo que se informa por parte del público en general y de los directamente involucrados; por otro, la imbricación cada vez más firme entre empresas periodísticas, profesionales de la información y público en la tarea conjunta de la construcción de la realidad pública.

En este contexto, creemos la llegada de las TICs ha generado para el periodismo un panorama bastante más promisorio de lo que se creyó en un primer momento. Fundamentalmente porque, en un contexto de superabundancia informativa, la legitimidad de cada actor social, fundada en una historia y una coherencia, se ha vuelto un valor esencial, más importante que cualquier otra variable anteriormente indiscutible, tal como la empresa o la validación de conocimiento específico. Así, hoy en día se puede afirmar que periodista es todo aquel que, de acuerdo a una trayectoria reconocida por la sociedad en general, se aboca a construir una parte de la realidad pública, sin depender de empresas, formatos o formación específica.

Bibliografía
Alsina, Rodrigo: La construcción de la noticia. Paidós, Barcelona. 1996.
Berger, Peter L.; Luckmann, Thomas: La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires. 1994.
Habermas, Jurgen: Historia y crítica de la opinión pública. Gustavo Gili, Madrid. 1981.
Vargas, Natividad Abril: Periodismo de opinión. Editorial Sintesis, Madrid. 1999.
Verón, Eliseo: Construir el acontecimiento. Gedisa, Buenos Aires. 1987.

Escritor: Pablo Fernando Rojas

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