Opinión Pública y Medios

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Vivimos en un mundo en el que interactuamos permanentemente con los medios masivos de comunicación ya que estos ocupan un lugar destacado, casi onmipresente, en nuestras vidas. Los televisores, por ejemplo, pululan por doquier (ya sea en espacios públicos o privados) y les brindamos, cuando menos, una distraída mirada pero nunca podemos abstraernos totalmente de enfocar la atención en las pantallas. Los medios componen una representación de la realidad y generan, además, un flujo de información intenso a lo largo del día, que es consumido por un público que considera importante estar informado. Ahora bien, ¿cómo interactuamos con esos medios? ¿Cómo esos medios nos informan e imponen temas, nos obligan a interesarnos en algunas cuestiones y no en otras? ¿Cómo se vincula la política, el hacer político y ser ciudadanos con los asuntos presentados en los medios masivos de comunicación?.

Sanahuja – Corral (1997) señalan que “la configuración de un espacio público global, a partir de las actuales transformaciones tecnológicas redefine lo establecido en las prácticas sociales. Jean- Marc Ferry propone una noción que da cuenta de estas transformaciones mencionadas: el espacio público sería «el marco mediático gracias al cual el dispositivo institucional y tecnológico propio de las sociedades posindustriales es capaz de presentar a un ‘público’ los múltiples aspectos de la vida social». Entonces, determinadas prácticas o discursos son públicos en la medida en que adquieren un estatuto de visibilidad, estatuto que ‘convoca’ a la mirada del público. Así, a partir de los medios, las sociedades se comunican ‘mediáticamente’ no sólo ‘consigo mismas, sino también entre sí’”.

En primer lugar, ¿cómo son mostrados al público estos ‘múltiples aspectos de la vida social’ de los que habla Jean- Marc Ferry? ¿Cómo se los organiza o jerarquiza? Los medios determinan algunos temas como problemáticos, de acuerdo con dos principios: el afán de los medios por conseguir temáticas dramáticas y novedosas (por un lado) y, por otro lado, los temas culturales propios de cada sociedad (esto es, el grado de implicancia que tengan esos temas con los receptores). Es decir, los medios son tierra fértil para la condensación de problemas: transmiten una imagen de los mismos y los interpretan, a través de los especialistas. De modo que la opinión pública se formaría básicamente en los medios. ¿Qué significa esto? Los medios tienen, de algún modo, el poder de instalar inquietudes alrededor de un tema. Y, según la Lic. Ianina Tuñón (2004), esas inquietudes tienden a afianzarse como una importante preocupación política.

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Si es posible que los medios generen un interés hacia un determinado tema y que las acciones de los gobernantes se orienten hacia la solución de esos problemas públicos planteados, entonces esta característica constituiría un beneficio cuando da lugar a que los medios ofrezcan el espacio para que los excluidos y marginados de nuestra sociedad encuentren una posibilidad de expresión. De esta manera, Isuani afirma “la video cámara es hoy el arma más poderosa” (1997). Siguiendo esta línea, Isuani señala una analogía con respecto a la plaza pública (lugar emblemático, portador de una carga simbólica intensa, especialmente en nuestro país a partir de la década del ’40 del siglo XX y del auge del peronismo) y la televisión: ocupar la plaza significó, para los descamisados, hacerse ‘visible’ y posibilitar que ese ‘otro’ -ignorado por las clases acomodadas y poderosas- tuviera un lugar en la vida política. Hoy los problemas y demandas de los que no tienen voz se hacen a través de la televisión y esta presencia mediática sensibiliza tanto a ciudadanos como a gobernantes; y posibilita que se produzcan cambios en nuestras sociedades. Los excluidos logran de esa manera una inclusión televisiva que construye una ciudadanía la “ciudadanía mediática”: el derecho a no ser olvidado.

Ahora bien, las objeciones que se harían al planteo de Isuani acerca de la presencia mediática de los excluidos giran en torno al amarillismo y a la televisión espectáculo, esa que se consume como un mero entretenimiento y que de algún modo debilitaría la democracia representativa, transformándola en ‘democracia de opinión’. Al respecto, dice Mirta Varela (1997), citando a Debray: “La exposición de la privacidad de los hombres públicos afecta – según R. Debray- el lugar de la política en la sociedad, que se habría transformado en una sociedad del contacto, antes que del debate público. En el mismo sentido, la proliferación de ‘casos’ privados discutidos en público señalaría un modo de discusión pública, sólo en apariencia más democrática. Todos estamos en condiciones de opinar sobre la vida privada, el problema es lo que se pierde cuando “la video-política transforma la democracia representativa en democracia de opinión”. Giovanni Sartori (1998) analiza varios aspectos de la video-política, de los que se pueden destacar brevemente dos: (a) en el marco de la video-política, la televisión otorga un peso desmedido a quienes ‘opinan’ sin ser fuente autorizada para hacerlo, lo que constituye un pésimo servicio a la democracia, ya que los deben ser reconocidos en la política son los que acrediten conocimiento sobre ella; (b) la televisión favorece a emotivización de la política, agitación que difícilmente pueda suscitar la palabra escrita (o la netamente oral). De esta manera se rompe el equilibrio entre la racionalidad y las pasiones. La racionalidad del Homo sapiens (según Sartori, fundada en la reflexión que, por ejemplo, da la lectura) pierde terreno frente a la conmoción de la imagen, pero esta conmoción no ofrece soluciones para los problemas que muestra y así solamente los agrava.

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Bibliografía

Isuani, L., Exclusión social, inclusión mediática. Una mirada a la televisión a través de los diarios, III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, Mendoza, Argentina, 1997.

Sanahua, S.; Corral, D., Ciudadanos, Vecinos, Amigos, Mediadores y Parientes; Espacio Público Y Cultura Política en Ciudades Intermedias, III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, Mendoza, Argentina, 1997.

Sartori, G., Homo Videns. La sociedad teledirigida, Ed. Taurus/ Alfaguara, Buenos Aires, 1998.

Tuñón, I., La formación de una agenda pública. El caso de los jóvenes que no estudian ni trabajan, Jornadas de la Carrera de Comunicación de la UBA, Buenos Aires, 2004.

Varela, M., Consumo de televisión en espacios públicos, III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, Mendoza, Argentina, 1997.

Escritor: Lic. Prof. Adriana Pérez