Panorama del cine Colombiano

 Fue en 1915 cuando la empresa Di Domenico Hermanos y Cía.- que deseaba instaurar una industria de cine en Colombia y otros países vecinos- divulga la exhibición de películas de ficción, presentan una serie de documentales sobre sucesos de Bogotá, y estrenan, en noviembre de ese mismo año, El drama del 15 de octubre, dirigido por Francesco di Domenico; este drama es un documental sobre la muerte del General Rafael Uribe Uribe. Tal vez pretendiendo ser originales ,la empresa contrató a los asesinos del General Uribe para que participaran en el largometraje, pero el hecho ocasionó la reacción negativa del público. Pues llevar a la pantalla la historia de un prócer con el ánimo de brindar espectáculo, vulneró la sensibilidad provinciana y puritana de la población, como consecuencia hubo desórdenes y protestas en cada lugar que se proyectó. Entonces, los hermanos di Domenico decidieron dejar a un lado sus planes y esperar a que los ánimos se calmaran.

Años más tarde, En 1922 María dirigida por Máximo Calvo, basada en la novela homónima de Jorge Isaacs, de la que actualmente se conserva un fragmento de 25 segundos, batió records de taquilla a pesar del alto precio que tenía la entrada. La productora Valley Films, que financio dicha película, parecía vislumbrar un futuro prometedor en este campo al menos en los próximos años; además, alentó a otros empresarios a incursionar en la industria del cine, destacándose las siguientes producciones: Aura o las violetas y Madre, ambas adaptaciones de la literatura colombiana.

Bajo el cielo antioqueño de Arturo Acevedo (1925), producida por la alta sociedad de Medellín, cuenta la historia de amor entre una joven colegiala y un bohemio que despilfarra su fortuna y cuya relación es prohibida por el padre de la muchacha, cinta costumbrista y de tonos épicos de más de dos horas de duración que también gozó de una buena acogida por parte del público. Salvo El drama del 15 de octubre, que terminó siendo prohibida por la censura, Garras de Oro de P.P. Jambrina (1928), tocaba un tema álgido, la separación de Panamá en 1903 de la soberanía colombiana con la intervención de Estados Unidos; producida por Cali Films, no logró ver la luz en las salas de cine, aunque contaba con un mejor despliegue técnico que sus contemporáneas y algunas de sus escenas fueron coloreadas a mano, el tono de denuncia que imperaba en Garras de Oro hizo que la diplomacia norteamericana que participó en dicha desunión, desplegara su poderío para impedir su distribución y exhibición. En los años setenta y gracias a la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, se lograron rescatar 50 minutos de esta película.

El cine sonoro Máximo Calvo nacido en España y radicado en Colombia, que se había iniciado en el mundo del celuloide al dirigir Maria (1921), y Nido de Cóndores (1926), crea en 1938 la Calvo Film Company, estudia la técnica del sonido, e intenta realizar la primera película parlante en el país Flor de un día, largometraje que no solo sufre la muerte de su protagonista sino de falta de dinero y voltaje para mover los aparatos de filmación. Luego produce, escribe y dirige Flores del Valle, que se estrena en Cali en 1941 catorce años después de la invención del cine sonoro, en 1943 y bajo el temor de los empresarios que temían la indiferencia del público hacia el cine nacional llega a Bogotá y la presenta en el Teatro Faenza; en 1945 produce otro largometraje Castigo del fanfarrón cuya exhibición en salas quedo definitivamente aplazada por la falta de apoyo oficial.

El cine colombiano hoy 1965), sale de este, pues un grupo de realizadores decide romper esquemas y contar otro tipo de historias marcadas por sucesos históricos desgarradores como la violencia desencadenada a partir del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, entre las que se encuentran El rio de las tumbas de Julio Luzardo (1964), Camilo, el cura guerrillero (1974) y Cóndores no entierran todos los días (1983) ambas de Francisco Norden, En la tormenta de Fernando Vallejo (1979), Carne de tu carne de Carlos Mayolo (1983), Confesión a Laura de Jaime Ospina (1991), películas que nos describen un episodio de esa época cargada de critica social. Pasado meridiano de José Maria Arzuaga (1967), y Rodrigo D. No futuro de Víctor Gaviria (1988) nos muestra otra realidad, la de hombres que padecen la soledad, la impotencia, la cobardía en una sociedad consumista que se olvida del ser humano.

Con la creación de FOCINE en 1978, resurgió la esperanza de consolidar una industria cinematográfica colombiana, pues durante quince años esta entidad produjo 31 largometrajes de los cuales solo uno obtuvo ganancias: Tiempo de morir, escrita por Gabriel García Márquez. Las pérdidas que generó esta institución llevaron a su cierre definitivo en 1993. Aunque en los noventa, películas como La estrategia del caracol de Sergio Cabrera (1991), La gente de la universal de Felipe Aljure (1993), La vendedora de rosas de Víctor Gaviria (1998) (galardonadas en el exterior) indicaban que era posible hacer un cine de calidad y que a la vez gozara del fervor del público, favoreció la creación de varias leyes a partir de 1997 para impulsar la realización de filmes nacionales.

No obstante la asimilación de nuevas tecnologías (cámaras HD) y el incremento gradual de producciones entre las que se destacan Maria, llena eres de gracia (2004), Perro come perro (2008), Los colores de la montaña (2011), y cuyos tópicos siguen siendo la violencia, la injusticia, el narcotráfico y la comedia, no ha sido garante de que el cine nacional recupere su inversión en taquilla, salvo contadas excepciones (El paseo de Harold Trompetero). Adicional a esto podriamos concluir que muchos de los largometrajes y cortometrajes que se producen nunca llegan a distribuirse, incluso que a pesar del aumento de salas de cine en el país la oferta es pobre, lo que revela que el sueño de consolidar una industria nacional iniciada hace 99 años por los hermanos Di Domenico está lejos de consumarse.

Escritor: jose fernando arango palacio

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