¿SE PUEDE VIVIR CON $ 616.027 pesos?

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Colombia es mundialmente conocida por tener el mejor café del mundo, por ser rico en la producción de alimentos como la yuca, el plátano, el arroz, y el fríjol, Pero muchas veces esto no cuenta a la hora de conseguirlos en la canasta familiar. El gran aumento de precios en los productos de consumo, hace que a la mayoría de personas se les dificulte el poder disfrutarlos; tal es el caso de *Clary Sorley Avilés, una joven de 26 años, que llegó a la ciudad de Barranquilla a muy temprana edad en compañía de su padre, un humilde comerciante de los Llanos Orientales; desde el mismo instante de su llegada a la ciudad, se le notaron las ganas de salir adelante, trabajó repartiendo catálogos, atendiendo un centro de llamadas, y hasta fue mesera en un local de comidas rápidas, actualmente se desempeña como cajera en una heladería muy reconocida en la ciudad, pero en donde igualmente le pagan $ 616.027 pesos, dinero que “disfruta” todos los 20 de cada mes, y que debe saber administrar muy bien para por lo menos poder medio vivir.

Para Clary, el día empieza a las 4:30 de la mañana, alista el desayuno y el almuerzo, que compra el día anterior en la tienda, porque según ella, hacerlo en un establecimiento grande, saldría más caro, y es un lujo que no se puede dar, o por lo menos lo hace cuando colocan en descuentos los productos que utiliza, luego levanta al mayor de sus hijos para llevarlo al colegio, donde cancela mensualmente 50.000 pesos, a pesar de estar ubicada en un estrato 1, mientras que al más pequeño lo cuida una prima, que de igual manera le cobra $180.000, ya son $230.000 menos de los $ 616.027 pesos que gana, y la lista continua, entre los elementos básicos de aseo que son: Colgate: $7500 paquete de 5, papel higiénico: 5 rollos por $6.000, jabón: $4.500 los 3, desodorante: $9.000 paquete por dos, shampoo: 6.000, se gasta: $33.000 quincenal, es decir, son $66.000 mensuales, una suma que en el transcurso del día se va aumentando, porque después de llevar a su hijo a la guardería, se transporta en bus urbano a su sitio de trabajo, no sin antes, dejarle alguito a su abuela para que cocine:

por lo menos para encontrar algo cuando llegue”, vuelve y juega, ya van $5.000 menos que sumados al mes son $150.000; y cada vez el anhelado sueldo sigue bajando a $176.027, sin sumar los gastos por servicio públicos: $15.000 el derecho a luz y $15.000 el poder bañarse con agua limpia; la lista de gastos se extiende, claro está sin contar aún con los $50.000 del arriendo que mes a mes debe cancelar.

Según el analista Carlos Álvarez, al finalizar cada año, se reabre en Colombia una nueva discusión, sobre si se debe incrementar o no el salario mínimo, los representantes de los sindicatos de los trabajadores, el gremio de la producción y el gobierno se sientan a negociar un incremento cuyos efectos en materia de empleo, pobreza y bienestar son una incógnita para todos ellos, el uno pide aumentos sustanciales del salario mínimo para reducir la pobreza afirmando que “es un poderoso mecanismo de redistribución”, mientras que los otros ofrecen aumentos moderados con otro argumento: “se debe pensar en los desempleados (en particular, en las posibilidades de empleo de los jóvenes), los informales, la inserción de Colombia en la economía internacional, etc.” Cada uno de los negociantes desempeña un papel sin tener estimativos sólidos sobre los efectos sociales de sus pedidos, sus ofrecimientos o sus acuerdos.

Es posible que para reducir la pobreza el mecanismo óptimo no sea, como plantean los representantes de los trabajadores, aumentar el salario mínimo al doble de lo que proponen los empresarios o el gobierno en cada negociación que tienen, Incluso, es posible que el salario mínimo no sea el mecanismo adecuado para aumentar el bienestar de la población. Pero hace pensar que la solución no sea, tampoco, recurrir a la eliminación de éste, existen muchas variables que están en juego, pero cuando se cree estar llegando a la salida correcta, se cae de nuevo en el dilema de: “no se puede pagar eso”, lo único cierto es que mientras cada año los encargados de decidir cuánto se debe ganar un trabajador caen en la misma situación, Clary, sigue en la lucha diaria. Al finalizar el día laboral, debe esperar a salir con todos sus compañeros de trabajo para hacer “la vaca, así sale más barato”, pero igual tiene que pagar $2.000, es decir $60.000 mensuales que sumados a su gasto total, lo que le queda para arreglárselas son $36.027 mensuales, dinero que en ocasiones guarda para no estar alcanzada hasta cuando llegue la próxima paga o -“para darse gustico”, comer helado en la tienda más cercana con sus hijos, comprarles juguetes e ir al almacén donde venden la ropa que dicen traer de una tierra santa.

En virtud de esta situación, Clary decide verlo por el lado bueno, se cree experta en alargar el dinero, título que sin lugar a dudas está más que merecido, sostiene que hay que ver de manera positiva toda la odisea que le toca soportar, porque hace más deporte, de las tantas correndillas para lograr dejar todo listo en su casa antes de salir a trabajar, aprendió además a ser vegetariana, y no por que quisiera, sino porque con este sueldo, ha hecho dieta a la fuerza, y ha logrado “comer balanceadamente”, ( con risas en la cara), cualquiera diría que esta joven es una resentida social por todo lo que le ha tocado vivir , pero no, ve con un toque broma su vida, porque compara a muchas personas que lo tienen todo, y a cualquier problema, dicen no poder más, se cree bendecida, y aunque gasta más de lo que gana, dice que: si, se puede vivir con $ 616.027 pesos.

Escritor: MELISSA SALTARÌN ÀVILA

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