Tres perspectivas teóricas de la hermenéutica sobre la interpretación

Umberto Eco parte de lo que denomina semiosis ilimitada para, lo que podría parecer contradictorio, ponerle limites a la interpretación. En primer lugar, entendemos la interpretación como la acción de “explicar porqué esas palabras pueden hacer diversas cosas (y no otras) mediante el modo en que son interpretadas” (Eco, 1992, pág. 34) .Se constituye como indefinida ya que el significado final se desliza hacia otro lado que al llegar se desliza a otro y así eternamente. Frente a esta fuga del sentido, la interpretación se encuentra rodeada frente a secretos siendo el último un vacio. De esta forma, señala que si bien la hermenéutica afirma el carácter lingüístico del mundo, le niega su condición principal que es la de comunicar.  Dentro de las características comunes entre el hermetismo antiguo y el contemporáneo, cabe destacar la apertura del texto en el que el intérprete puede encontrar infinitas y múltiples conexiones. Pero lector sólo interviene en el texto mediante el lenguaje y este es incapaz de atrapar el significado trascendental pero aún así el lector sospecha, en todo momento, posibles secretos. Aun así, en esta cadena infinita y casi imposible de evitar hay ciertos límites hay algunos que serían risibles de proponer ya que hay que tener cierto respeto el texto.

Un lector debe estar atento a aquellas semejanzas que son significativas y no dejarse tentar por las que son ilusorias y fortuitas. Si se sigue el segundo camino, se llega a la sobreinterpretación que nace como sobrevaloración de la importancia de indicios que pueden aparecer en un texto. Eco enumera tres características para saber si se está frente a un indicio que es signo de otra cosa: la primera es la imposibilidad de explicarse de una manera más simple (economicidad), la segunda es que apunte a una o a contadas causas posibles y por último, que se ajuste a los demás indicios. Pero un exceso de asombro puede llevar a una sobreinterpretación que Eco califica de paranoica u obsesiva. Es importante tener en cuenta la intención del texto por sobre la intención del lector que trata de buscar la intención autor, ya que a veces se puede llegar a un resultado sesgado donde el lector lee y encuentra según sus expectativas.

Del otro lado, Jonathan Culler se posiciona como abogado de la sobreinterpretación. El primer porqué de su posición es que la interpretación no necesita defensa ya que siempre está presente, pero con tal cotidianeidad, sólo puede ser interesante cuando es extrema. De lo contrario, la moderación parece ser aburrida y no valiosa en todas las circunstancias. Las sobreinterpretaciones corren el riesgo de parece absurdas o irrelevantes pero tienen más chance de abrir el juego a nuevas conexiones que mediante interpretaciones “sanas” no se habría llegado, por lo tanto pueden ser mas enriquecedoras.  Culler define lo que Eco entiende como sobreinterpretación como la gula de la interpretación, es decir, “algunos no se paran donde deberían. Siguen comiendo o interpretando en exceso” (Culler, 1995, pág. 129). Pero para él la sobreinterpretación puede no ser indispensable para la comunicación pero si para reflexionar sobre su funcionamiento. Identificando los términos interpretación/sobreinterpretacion con comprensión/superación de Wayne Booth respectivamente, subraya el sistema de preguntas que se hacen los lectores según dónde se posicionen. Desde el lado de la interpretación/comprensión las preguntas que surgen en las que el texto insiste, en cambio, en la sobreinterpretación/superación se deja de lado el lector modelo y para incursionar en un sistema de preguntas que el texto no provoca. El deconstructivismo que Culler defiende limita la interpretación por el contexto pero éste es ilimitado, la moderación de fronteras que pone Eco es inválida.

Ni en uno ni otro, pero si en oposición a ambos, Susan Sontang presenta “contra la interpretación”. Lo que ella entiende por interpretación es “acto consciente de la mente que ilustra un cierto código, unas ciertas reglas de interpretación” (Sontag, 1996, pág. 28). Por lo tanto, se forma como un trabajo de traducción y que implica una cierta alteración. Pero el intérprete moderno va más allá ya que escarba y destruye para sacar a luz un “subtexto” que intenta ser el auténtico. Susan Sontag encuentra asfixiante esta actitud que sólo logra reemplazar el mundo por uno de sombríos significados por la sobreproducción de interpretaciones. Esto es propio de la literatura donde los críticos literarios hicieron de ella su trabajo.

La teoría mimética (arte como mimesis de mimesis), que tiene sus orígenes en Platón y Aristóteles, obliga al arte a justificarse ya que su valor resulta dudoso. En su defensa, nace la idea de algo tiene una “forma” separado del “contenido”, siendo este último considerado más importante. La supuesta y fastidiosa existencia del contenido es lo que permite la interpretación ya que el crítico se acerca a la obra con la intención de hurgar en ella  para encontrarlo. Susan Sontang señala melancólicamente que jamás se volverá a la inocente instancia en que el arte no tenía justificarse aunque reconoce algunas propuestas como el arte abstracto, el pop-art y, el más idóneo, el cine donde la obra es un mensaje directo que se posa en la balanza del lado de la forma hasta el hecho de tener un léxico cercano a la tecnología.

El problema de la necesidad de interpretar es un problema histórico que si bien Susan Sontang admite que en un momento debió ser productiva y revolucionaria la interpretación, ahora no es más que un obstáculo. Lo único que hace es llenar a nuestra cultura de exceso, lo que se llama experiencia (en el término simple de la palabra) ya no es posible por esta superabundancia de información  cuyo resultado es la sostenida degradación de nuestros sentidos. Por esto, propone sustituir la hermenéutica por una erótica del arte, es decir, una teoría de las diferencias que se encuentran ocultas en las relaciones de clases sociales, para poder apropiarse del mundo y que la obra de arte haga estallar en la significación.

 Bibliografía

  • CULLER, Jonathan 1995 En defensa de la sobreinterpretación, en Eco et al., 1995.
  • ECO, Umberto, Interpretación y sobreinterpretación, Cambridge University Press, 1992.
  • SONTAG, Susan, Contra la interpretación, Bs. As., Alfaguara, 1996.

Escritor: Noelia Pistoia

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