¡UN DOPA PLACER!

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Debo reconocer que el deporte específicamente correr, se ha convertido en una afición que ha generado un alto índice de placer en mi vida, el pulso acelerado, la fuerte respiración, y el hormigueo adrenérgico que recorre mi cuerpo; desde las piernas hasta el cerebro son sensaciones que me remontan, a los mejores momentos en los brazos de Eros. Tantas emociones encontradas, que se convierten en generadoras de felicidad y goce, tras una especie de acto reflejo terminan, sin más ni más en un hemisferio de mi controvertida personalidad, la cual tras una especie de pacto con Freud, he llamado la Dopalibido; una cómplice con la que he compartido, los más íntimos perfiles de mi personalidad, entre ellos la pasión por la ciencia.

En mi caso hacer ciencia es mucho más que una actividad, constituye una instancia de mi ser, tal vez una cuarta capaz de indagar, cuestionar y sobre todo de encontrar respuestas, más allá de los visible en lo micro, en lo nano. Y fue mucho más allá, incluso de mi sexo donde encontraría las anheladas respuestas, a una serie de cuestionamientos relacionados con mi afición a correr, reconozco, además que ignoraba que dichas respuestas, me llevarían de la excitación motora a la sexual, de lo fisiológico a un placer orgásmico y erótico.

Como mujer de ciencia, sabía que tenía que estar dispuesta a romper uno que otro paradigma, y no solo en mi saber, sino también en mi sexo; y fue así, como las primeras hipótesis se apresuraron en aparecer. El conocimiento orientó a mí ser, hacia la química del cuerpo. Ráfagas de hormonas que juguetean más que coquetamente con un cerebro, que frente a tantos y tan narcotizantes encantos, no tiene más remedio que caer rendido y sucumbir. Pensé  las mujeres somos hormonas, allí debe estar la respuesta.

Decidí entonces acudir a la más sensual de todas; la dopamina, oportunamente tuve el placer de conocerla, al indagar sobre la biología del comportamiento. Misteriosa y compleja, fueron las dos palabras que balbuceé, después de nuestro primer encuentro. En este punto sentí, que al involucrarme con ella, no podía limitar mi creatividad y capacidad de asombro, sin embargo fueron muchas las noches de trasnocho y lectura, que trascendieron más allá de mi biblioteca personal, sin encontrar ese impulso para construir una respuesta.

Y después de mucho buscar, inclusive en lo más refinado de la neurociencia, encontré aquello que finalmente me llenaría de emoción. Un artículo en la web, abriría mis ojos y me llenaría de emoción: . Lo que encontré, fue un estudio, sobre mujeres deportistas, que manifestaron haber sentido placer, excitación y hasta un orgasmo al correr. . En este punto imaginé, cientos de mujeres con esta misma necesitad, temiendo y buscando deseosas de entender que pasa en sus cuerpos, en su fisiología, en su sexo. Y la búsqueda continuó.

Un día me encontraba, observando unas tomografías computarizadas del cerebro, y me llamó la atención, como la dopamina inundaba al hipotálamo de una forma extraordinaria, prácticamente, lo absorbía y dominaba completamente, indagué entonces, cuál era la característica común de estos cerebros y encontré, que se trataba de deportistas, la conclusión llego de inmediato, esta coqueta hormona domina, el cerebro y por lo tanto toda función motora entre ellas, es decir el control muscular y comportamental.

Me remití entonces, a los otros dos esclavos de la dopamina, reguladores motores del comportamiento humano, los sistemas nervioso simpático y parasimpático, dos antagonistas que bajo el poder de la hormona, equilibran lo fisiológico y lo emocional tras una acción de complicidad, si lo ponemos en términos del ejercicio físico, mientras el simpático coordina el movimiento y el consumo de energía, el parasimpático aumenta el flujo sanguíneo para que se genere la erección del clítoris.

Un clítoris irrigado y bien estimulado, durante una práctica deportiva, lo más seguro, es que desencadene un orgasmo, sin embargo la sensación de respuesta inconclusa me inundó, faltaba algo, tal vez mucho más, algo realmente nuevo, quizá un nuevo grupo de células, con una función especializada en concentrar el impulso nervioso en esta zona. ¿Serán las…?.

Tras escribir estas últimas líneas, respiré profundo, no por sosiego, sino por cansancio, la serotonina se tomó mi cerebro; y aún tengo mucho por resolver, porque en esta búsqueda no he encontrado más que nuevas preguntas, y mi ser me lleva a indagar. Nada que hacer, así es la ciencia, así es el sexo, así somos las mujeres, infinitamente impredecibles.

Escritor: Adriana Muñoz

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