Una Pandemia Global: La Obesidad

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Una tercera parte de la población mundial se encuentra obesa o con sobrepeso y esto se debe a dos cosas: una dieta rica en calorías y un estilo de vida sedentario. La globalización y los tratados de libre comercio han provocado un fenómeno que se conoce como “transición nutricional”. Esto corresponde al cambio gradual en la cultura alimentaria, las personas propenden por dietas de baja calidad y alto contenido energético. La industria alimenticia actual, elabora productos procesados que sean atractivos al paladar y más asequibles económicamente. Sin embargo, dicha accesibilidad es inversamente proporcional a su riqueza nutricional, pues son productos altos en grasa/sal/azucares y reducidos en vitaminas y minerales.

Este intercambio comercial de alimentos a precios más bajos ha traído innumerables problemas a las naciones y, en consecuencia, falta de acceso a una dieta más balanceada y saludable. Las personas escogen su dieta de acuerdo a su nivel socioeconómico y poder adquisitivo; así, los pobres tienen menos opciones a la hora de escoger qué comprar y por ende un acceso más limitado a educación nutricional. Esto conlleva necesariamente a un deterioro de la salud y la incidencia de enfermedades como el cáncer, diabetes, enfermedades cardiacas, cambios en el metabolismo o hasta derrame cerebral.

La Obesidad es una enfermedad que se caracteriza por la acumulación anormal o excesiva de grasa perjudicial para la salud, que se ubica como el quinto principal riesgo de mortalidad a nivel mundial. En un principio, esta condición solía afectar sólo a adultos sedentarios y mayores de 49 años, especialmente mujeres; pero para el 2008 más de 1500 millones de adultos en todo el mundo con edades superiores a los 20 años padecen de obesidad y sobrepeso.

De acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, para el 2010 más de 43 millones de niños menores de 5 años padecen de sobrepeso. Estas estadísticas suenan aún más absurdas al tener en cuenta la enorme desigualdad nutricional que existe en el mundo, especialmente en países tercermundistas o en vías de desarrollo. Por un lado, aún persisten altas tasas de desnutrición que afectan los grupos sociales más marginados y vulnerables; y por el otro lado, el sobrepeso infantil crece de forma alarmante, aumentando el riesgo relacionado con las enfermedades cardiacas y metabólicas en la edad adulta.

Este incremento simultáneo en el peso de las personas en casi todos los países, sin importar su desarrollo social o económico, ha encendido las alarmas de la comunidad internacional y de gobiernos de todo el mundo. En mayo de 2010 la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud aprobó El Conjunto de Recomendaciones sobre la Promoción de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas dirigidas para Niños. Tal como lo reza su título, éste set de recomendaciones va dirigido a proteger el público infantil, básicamente por dos razones: la primera, los niños no pueden decidir su dieta, comen lo que sus padres les ofrecen; sin embrago la segunda razón es que, a pesar de no ser ellos quienes deciden qué se incluye en la canasta familiar sí influencian fuertemente sus padres respecto a qué tipo de productos van a consumir o no. Aquí empieza el dilema moral de los padres, entre ceder a las pretensiones de sus niños y darles de comer lo que a ellos les gusta aunque esa dieta no proporcione mayor riqueza nutricional, o soportar un berrinche y obligarlos a comer, aunque dejen la mitad en el plato. Difícilmente un brócoli pueda competir contra pizza o cereales de chocolate.

Éste poder de afectación de los hijos sobre sus padres se debe a que los niños están fuertemente influenciados por la publicidad, ellos consumen lo que ven divertido y agradable, todo lo que la televisión, internet y demás medios de comunicación masivos comercializan. Por eso la OMS propende por una regulación a la comercialización de productos dirigidos a niños, tema que lidera Europa. Por ejemplo, Reino Unido ha implementado varias normas que regulan rígidamente el contenido y los horarios de publicidad de juguetes y alimentos dirigidos a un público junior. Suiza, Holanda y los países escandinavos han prohibido totalmente la comercialización de productos de bajo valor nutricional, dirigido a jóvenes menores de 14 años. La Unión Europea ha fomentado la creación de un Comité de Auto Regulación de la Industria Alimenticia, dentro de la cual la propia industria se abstiene de promocionar productos altos en grasas/sales/azucares dirigido a niños y adolescentes en horario infantil y familiar, o en sitios cercanos a zonas escolares o en artículos dirigidos para este grupo.

Colombia, a pesar de no contar con un panorama jurídico claro, es uno de los pocos países dentro de América Latina que ya está trabajando en este tema. El gobierno nacional aprobó el 14 en Octubre de 2009 la Ley 1355 que establece que la obesidad es una prioridad de salud pública, considerada como una patología esencial que debe ser incluida en el Programa Obligatorio de Salud. Adicionalmente, Colombia cuenta con varias instituciones; unas trabajan por la protección general de los niños como el Bienestar Familiar, otras promueven y estimulan hábitos saludables como el IDRD (Instituto Distrital de Recreación y Deporte) y otros entes privados trabajan el tema de la obesidad y el sobrepeso, tal como la Fundación Gorditos de Corazón. Sin embargo, en Enero de 2014 permanece la pregunta ¿qué ha cambiado?.

Escritor: esneith lorena beltran

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