UNA REFLEXIÓN

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El paso por la Universidad me había hecho creer que tenía “bajo la manga” las concepciones, los insumos, las apuestas conceptuales, en fin, todos aquellos elementos que le “demostrarían” al mundo que estaba preparado para afrontarlo y que mi capacidad profesional contribuiría a generar las suficientes alternativas para trascender una realidad como la nuestra, pues la idea que tiene la academia de dicha realidad, dado que la considera como “el espacio ideal donde no sólo se disputa la reputación de las distintas disciplinas del conocimiento, sino el mérito para ser empleado en uno de los importantes proyectos de turno”, en tanto se demostrara que se habían cimentado las suficientes capacidades teórico-metodológicas para dar respuesta a las situaciones que se afrontan como egresado de una Institución de Educación Superior colombiana.

Sin embargo, quienes buscan emplearse después de recibir el título, bien sea por acción u omisión de sus formadores, infortunadamente desconocen que existe otro tipo de realidad la cual no es observada de manera directa en el aula de clase, puesto que se le otorga demasiado empeño e incontables horas a la continua memorización de las más reconocidas teorías, mientras que la aplicabilidad de las mismas se queda para el final de la carrera, cuando los vacíos epistemológicos que no fueron “llenados” en cada uno de los semestres generan la sensación de “haber aprehendido muy poco o nada”; o por el contrario, se cree que se sabe demasiado y a la hora de ponerlos en marcha angustiosamente se descubre que dichos postulados no logran acomodarse a la problemática del país, porque sus autores existieron en una sociedad australiana, europea, norteamericana. En pocas palabras, más bien parece que se prepara profesionalmente para un contexto social que no se habita.

Por eso cuando me enfrenté por primera vez y en serio a una comunidad, pudorosamente reflexiono que su primera impresión generó más dudas sobre la posibilidad de sentirme satisfecho por lo que realmente había aprendido; en otras palabras, la imagen que en aquella oportunidad tuve y que ahora evoco mientras escribo estas líneas, no ha dejado de causarme la misma sonrisa sarcástica y burlona de este ser humano que en aquella época debido a su ignorancia, trató de minimizar las causas ajenas porque el estado de hedonismo que me caracterizaba y más cuando se proviene de una “institución reconocida”, escuetamente hizo que al otro se le mirara como un ser que no tenía la rigurosidad académica para entablar una “discusión argumentada” del contexto social, de sus coyunturas, sus actores y sus dinámicas. Fue así que dolorosamente supe que lo aprendido fue desmoronado con una simple pregunta, fue resquebrajado por una persona que sin más títulos que sus años como ama de casa, me demostró que la experiencia se adquiere cuando se dispone a evaluar las acciones, a valorar los errores, asimilar sus consecuencias y a poner en práctica sus aprendizajes.

Y es que si se hubiera aproximado a este tipo de escenarios en alguno de esos cursos de política, teorías del desarrollo económico, historia colombiana, investigación o análisis de coyuntura, de seguro se llega a un grupo de personas con menos discursos aglomerados de tecnicismos, frases incongruentes para seres que cotidianamente aprehenden de la vida, de la existencia a partir de lo que acontece en sus terruños, en sus relaciones de convivencia; a modo de intersticio, esa no fue la realidad social que se “estudió” durante mi proceso formativo. Ese tipo de realidad la tuve que afrontar con lo que logré asimilar en la Universidad. Por eso cada momento como profesional se asimiló con las pocas herramientas que se tenían y con el más incesante ánimo de convertirme en un actor que se preocupara por diseñar y formular alternativas que lograran resignificar lo que socialmente se estaba viviendo. Lección que se convirtió en el principal fundamento para formar los futuros profesionales sociales que como yo, están convencidos de haber escogido una carrera con la cual se pretende aportar alternativas de solución a las problemáticas que aquejan al país.

Por: Joan Manuel Madrid Hincapié

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