UTOPÍAS DE PROXIMIDAD El Pabellón San Lucas

En el pabellón San Lucas (pabellón de quemados) escenario de grandes avances en la curación y reconstrucción de piel, cuya sala de cirugía fue pionera del Pabellón de Cirugía Plástica (primer espacio de esta naturaleza en el País). Desde el año 2003 es habitado por Rigoberto Chaves y sus dos hijos Victor y Edwin. Rigoberto era el esposo de Marlene Aguirre, auxiliar de enfermería de dicho pabellón quien fue empleada del Hospital por 25 años, ella falleció de cáncer en el 2011 al parecer por las infecciones que anidaban en dicho lugar, antes de morir le cancelaron trece millones como pago total de los sueldos, prestaciones y demás según la liquidadora ese era el pago total.

Conocí a Rigoberto en persona en la marcha del 15 de Mayo del 2013, el me ayudó a ponerle ACPM a las estopas de las antorchas que había construido Álvaro,(habitante del hospital) ese día, Rigoberto se mostró muy amable y no paro de hablarme, contándome su vida y los múltiples atropellos que ha sufrido él y su familia por parte de la liquidadora. Sus historias son asombrosas y como buen costeño las cuenta con gracia, pero lo sentí como un hombre denso, cargado de odio y mucho dolor.

Los viernes con el Colectivo San Juan de Dios, cuando estábamos realizando atención primaria en salud a los transeúntes en el Consultorio Fénix 01, a veces nos encontrábamos y siempre me sorprendía con una de sus historias, fue así como me fui ganando su confianza, una vez le pedí que si me dejaba entrar al Pabellón San Lucas y el aceptó, fue un miércoles de finales de Julio del 2013, hacia las cuatro de la tarde, entramos con Edelmira, Álvaro y Gustavo (empleados del Hospital) y Andrés otro estudiante. Hicimos un recorrido en dicho pabellón, es inspirador descubrir el gusto y la generosidad con que fue construido, a cada paso el pabellón habla de aquel esplendor y es impresionante sentir en lo que se ha convertido… El Pabellón San Lucas está dividido, medio pabellón está habitado y medio pabellón está abandonado.

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La mitad que ocupa Rigoberto está pintada de Verde menta y curaba en leche, con las puertas de color rojo y blanco, hay una que otra planta, se siente como un lugar alegre propio de la región Caribe. La otra mitad se siente muerta, llena de camas atrincheradas y descompuestas, canastas de gaseosa, objetos deteriorados característicos de un Hospital, huele a naftalina y humedad, el techo tiene varios huecos, está por caerse, así como sucedió en la parte que habita Rigoberto, él me cuenta que por poco les cae encima a él y a su nieta, solo escuchó a sus espaldas un estruendo ensordecedor y luego con un zumbido en los oídos, perdido en el blanco del polvo a tientas busco a su nieta de dos años para sentirla segura.

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Haciendo uso de sus facultades de cocinero, entre historias de sus viajes a Europa como Chef Profesional, Rigoberto nos preparó una estupenda cena en una antigua zona de esterilización donde ahora es su cocina, sentados en su comedor de mimbre con cojines de flores y fondo verde, a la luz de unas velas sembradas en botellas ocultas entre gotas y gotas secas de parafina, admiraba la destreza con que picaba la cebolla. Una inmensa ventana de madera amarillo pálido estaba entreabierta, se veía la silueta de las copas de algunos árboles entre la oscuridad y se escuchaban los grillos, parece una escena de 100 años de Soledad pensé… y en esa atmosfera tan especial comimos papas guisadas con queso, sobrebarriga y el legendario arroz de Rigoberto.

Dos meses después, luego de extenuantes domingos de trabajo y una exitosa convocatoria de estudiantes de medicina de todas las universidades para limpiar y curar el piso de medicina externa, piso que luego pretendíamos abrir para recuperar las “Jornadas e Salud” realizadas todos los domingos por un grupo de enfermeras desde la intervención de Hospital hasta el año 2006, Rigoberto nos cierra de forma violenta y amenazadora el primer piso un martes en la mañana, poniendo a sus muertos y a su dolor como argumentos para ejecutar esta inexplicable acción, después se llevó a su casa las escobas e implementos de aseo que habíamos recolectado con tanto esmero … El San Juan de Dios se me presenta como un espacio fantástico y contradictorio, en otra dimensión, entre el asombro, la nostalgia y la locura, intento hacer etnografía jugando a ser la más cuerda de todos.

La motivación primordial para enunciar mi proyecto en el Hospital San Juan de Dios y su situación actual, es acercarme a las personas que viven allí, conocer esas maneras tan particulares en que se construye su subjetividad y compartir un espacio de la vida con ellos. En palabras de Nicolas Bourriaud: busco una utopía de proximidad, más allá de los intercambios convencionales que plantea el orden capitalista.

(Bourriaud, 2006. P.16) Dentro del trabajo de campo me he encontrado con manifestaciones tan diferentes, y trascendentales que han cuestionado mis concepciones e intereses en el campo del arte y la estética. Volcándome a buscar y explorar otros significados en otros espacios fuera de lo artístico convencional y sobretodo preguntarme para qué sirve el arte en este caótico orden mundial. Qué ritos se construyen en una cotidianidad saturada de visitas a juzgados, personerías, fiscalías, marchas, plantones, discursos jurídicos, eternos monólogos llenos de duelo, rabia, zozobra, esperanza, entrega y resistencia durante 14 años, habitando una ruina fría, húmeda, sin luz y sin agua donde el silencio es ensordecedor.

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Cómo no cuestionarse ante la ineptitud política de nuestros dirigentes, sentir rabia y dolor de patria recorriendo El San Juan que se me presenta como un abuelo poderoso y triste que me permite habitarlo con tranquilidad y generoso me confía sus secretos. todo parece una puesta en escena, una exposición permanente. El Hospital detenido en el tiempo, habitado por particulares personajes y sus intercambios se craquela en un universo simbólico, donde cada objeto, cada pared, cada grieta, cada presencia, dialogan entre si y narran una historia, donde una acción o un espacio develan metáforas de una cruda e irrefutable historia del país que grita en el olvido y la desidia del común.

Para el antropólogo Víctor Turner la Metáfora es una categoría hermenéutica, por medio de esos “destellos intuitivos” se descifran, se interpretan y decantan lecturas de los hechos y acontecimientos de la vida social, es ahí donde aparece el término liminal, en esa ambigüedad y transición de las acciones, espacios e intercambios sociales que se encuentran en la transición de lo real a lo teatral y perfomativo.

Como lo nombra Ileana Diéguez en Escenarios liminares, se produce una especie de ilegibilidad y hay una transferencia del arte a la vida. es propiciando acercamientos desde situaciones y espacios cotidianos, acontecimientos como el del pabellón San Lucas narrado anteriormente son el escenario que me ha servido para aclarar y observar el objeto de mi investigación, mas que las entrevistas estructuradas y premeditadas.

También el carácter literario toma importancia, en la manera de expresar mis impresiones, asombro y relaciones de cercanía que comencé a tejer con algunos habitantes del Hospital; y donde entran en juego ese conjunto de relaciones entre su carácter histórico y el cuestionamiento por el valor como Patrimonio mas allá de su protocolaria declaración en el 2002, el lugar en el que se ha convertido gracias a los abusos y la corrupción por parte del estado y el olvido de los ciudadanos, la forma como sus habitantes interactúan y resignifican el espacio y mi observación e intervención como testigo.

… es imprescindible reflexionar sobre lo paradójico que resulta la lucha de unos pocos, el valor, respeto y añoranza que estos le guardan al Hospital frente a la inmensa indiferencia y abandono de la ciudad que se materializa en la forma en que viven, habitando una ruina de algo que ya no es y que ellos se niegan a aceptar.

BIBLIOGRAFÍA

• DIÉGUEZ, Ileana. 2007. “Articulaciones liminales / metáforas teóricas”. En:
Escenarios liminales. Teatralidades, performance y política. Buenos Aires: Atuel.
pp. 35-66. Para ambas expositoras.

• Bourriaud, Nicolás (2008) Estética Relacional, Ed. Adriana Hidalgo: Buenos Aires.

Escritor: Luisa vela castillo

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