VIDA Y DINERO: EN BUSCA DE LA FELICIDAD

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Todos los seres humanos vivimos una vida, pero ¿Qué es la vida? ¿Quiénes vivimos la vida? ¿Para qué vivimos la vida? Muy seguramente no soy la primera ni la única persona en reflexionar acerca de este tema; sin embargo, pretendo sentar mi postura como una tesis general y universal. En un intento por definir el concepto de vida hay que reconocer que puede abordarse desde el aspecto biológico, religioso, político y físico (estado de actividad de los seres orgánicos), por no mencionar otros. Aquí lo haremos desde el punto de vista religioso y político.

Desde una perspectiva religiosa (todo tipo de creyentes), somos una creación divina, somos el rebaño de Dios, somos las herramientas del maestro. Venimos al mundo con la única obligación de crecer y reproducirnos honrándole; lo que quiere decir que la vida es por demás un ideal, la sublimación de todo acto físico y natural a un estado espiritual, además ideal. Por otra parte, para los políticos somos seres sociales, libres e iguales ante la ley, y debemos crecer y reproducirnos siguiendo lo establecido en la constitución. Es decir, vivir, y sobre todo, vivir bien, es procurar obrar obedeciendo las normas. De esta manera, incluso los más escépticos asumen la vida como un proceso de evolución natural donde se nace, se reproduce y se muere. Todos los eventos que surjan a partir de dicho proceso vienen por añadidura y varían según el tiempo y el espacio. No obstante, en resumidas cuentas, la esencia misma de la vida la constituyen los retos de cada quien, y el fin último será la búsqueda de la felicidad.

En torno a la palabra felicidad existen tantas definiciones como personas en el mundo; sin embargo, siempre será un sinónimo de satisfacción personal. Partiendo del hecho de que la vida es el proceso natural y evolutivo del nacimiento y la reproducción, quienes en realidad vivimos la vida somos aquellos que nos fijamos metas y adoptamos retos. La vida, en los términos ya concebidos, se compone de matices: riqueza y pobreza, ilusión y desilusión, éxito y fracaso. A lo largo del camino nuestras vidas van adquiriendo el matiz correspondiente, en primer lugar, a la edad, y en segundo lugar, a las metas propuestas. De todas formas, siempre vamos a pasar por todos los matices.

Ahora bien, debido a que no podemos escapar a la subjetividad humana, sabemos que las riquezas y los éxitos no representan la misma figura para todos los humanos. Mientras unos conciben las riquezas como los bienes materiales, otros las conciben como bienes espirituales. Será mejor no ahondar en este asunto. Lo que sí debe aclararse es que vamos por la vida tras de algo, sólo así podemos decir que vivimos la vida.

Entonces, ya podemos responder ¿Para qué vivimos la vida? Cada mañana nos levantamos para atender a alguien (hijos, esposo, esposa, padre o madre, etc.), para ejercitarnos, para estudiar; nos levantamos para ir a trabajar, entrenar o simplemente para cocinar. Independientemente de nuestros oficios y profesiones, todos nos despertamos con un afán cada día –ese es nuestro motor-. La vida es pues como un círculo: ella nos arrastra consigo y nosotros lo permitimos únicamente porque estamos vivos, porque queremos seguir viviendo y porque sin nosotros y nuestros deseos de superación la vida no sería vida.

A pesar de lo corta que es la vida, y de la prestigiosa idea que nos venden de que tenemos que vivir cada día como si fuera el último, muchos tomamos conciencia del papel que jugamos en este mundo muchos años después de nuestra llegada a éste. Lo malo es que cuando lo hacemos es porque creemos haber madurado y configurado nuestro concepto de felicidad; si sabemos qué nos hace felices, trabajamos por ello, y estaremos haciendo vida. reproducir y morir, con el plus de que en ese proceso y mucho antes de morir, es preciso haber alcanzado la felicidad y que ésta, incluso para la persona menos materialista, no es posible sin dinero.

Escritor: : Andrea Perdomo

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